En el pasillo del hotel de Limoges, el corazón me latía como un tambor. Tenía 45 años, divorciado, un cuerpo normalito. Martial, el viejo gordo soltero, y Gilberte, casada, entrada en años, con barriga redonda y cuello de toro. Esa noche, después de la cena, el vino nos soltó la lengua. Bromas sucias. Ella reía, glotona. Yo la veía distinta. Excitante.
Martial llamó antes. ‘Está madura, la Gilberte. Nos la follamos juntos’. Dudé. Treinta años casada. Pero su risa cochina me rondaba. Al día siguiente, en el desayuno, mi polla se endurecía mirándola. Boca grande, ideal para mamadas. Martial la vacilaba directo. ‘¿Has hecho un trío?’. Ella: ‘Soy fiel’. Mentira juguetona. Yo la rozaba con el pie bajo la mesa. No se apartaba.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Segunda noche. Ella maquillada, escote profundo. Quería excitar. En el pasillo, la acorralamos. Besos. Primero inocentes. Luego lengua. Mi mano en sus tetas pesadas. Martial en su culo. Ella jadeaba, roja. Nos abrió la puerta. No había marcha atrás. El pulso me retumbaba en las sienes. Miedo y ganas. Inocencia rota.
En la habitación, la desnudamos rápido. Tetas flácidas, enormes. Las amasamos. Ella gemía. Martial sacó su polla morada. ‘Chúpala, puta’. Lo hizo. Voraz. Yo la mía al lado. Nos mamaba alternando. Lengua en mi glande. Sus ubres colgando me volvían loco. Corazón desbocado. Sudor frío. Primera vez tocando eso.
El instante: explosión de placer prohibido
La tumbamos. Coño peludo, ancho, chorreante. Olor fuerte. La lamí. Ano sucio. Delicioso. Martial la folló primero. Brutal. Tetas bailando. Ella aullaba. Luego la puso a cuatro. En el culo. Fácil. Ella empujaba. ‘Me encanta’. Yo en su boca. Secousses. Jugos. Mi primera sodomía compartida. Explosión sensorial. Carne sudorosa, gemidos roncos.
Ella corrió. Él eyaculó dentro. Yo en su cara. Esperma en mejillas, pelo. Agotados. Teléfono. Su marido. ‘Estoy sola, cariño’. Mentiras calientes. Nos la follamos mientras hablaba. Yo en su culo otra vez. Dedos en coño. Martial en boca. ‘Soy una puta’. Gritos fingidos. Él se corrió al teléfono. Nosotros en ella. Risas mudas. Placer culpable.
Al día siguiente, frialdad. Pelea con marido. Pero última noche, vino a mi cama. ‘Fóllame’. Se empaló. Coño viscoso. Tetas botando. Luego culo. Me pide más ahora. Amantes mensuales. Hoteles rápidos. Esa primera vez abrió puertas. Inocencia ida. Mundo nuevo de carne y deseo. Nervios eternos en el recuerdo.