Entro en la habitación 31 del hotel. El corazón me late fuerte, como un tambor en el pecho. Cierro la puerta y respiro hondo. El aire huele a limpio, impersonal. Me miro en el espejo: falda negra corta, top escotado, tacones altos. Sexy, como él pidió. Me tumbo en la cama grande, subo el volumen de la tele. No presto atención. Mi mente vuela. Angustia y excitación se pelean dentro de mí. ¿Y si Jean se entera? Pero el deseo gana. Recuerdo el texto de Gilles. Llego tarde, dice. Veinte minutos más. Sudor en las palmas. Las piernas tiemblan. Quiero huir, pero no puedo. Esto es lo que ansío: lo salvaje que mi marido no me da.
Toc, toc. Abro. Gilles sonríe, ojos hambrientos. “Estás increíble”. Me abraza fuerte. Sus labios devoran los míos. Mano en mi nuca, otra en mis nalgas. Las aprieta, masajea. Siento su polla dura contra mi vientre. “Me pones tan cachondo que duele”. Me empuja hacia la escalera del catre superior. “Agárrate arriba, no sueltes”. Obedezco. Brazos en alto, nariz contra los barrotes. Él detrás, pegado. Manos everywhere: hombros, pechos por encima de la ropa. Besos húmedos en mi espalda desnuda. Me quita el top, el sujetador. Mordisquea mi cuello mientras amasa mis tetas. Gimo bajito. Bajo la cremallera de la falda, el tanga. Dedo en mi raja, roza el ano. Entra un poco. Luego al clítoris. Estoy empapada. El tanga me impide abrir las piernas. Se aparta. “Tengo una sorpresa”.
La espera nerviosa: miedo y deseo incontrolable
No me deja girar. Se desnuda. Oigo su bolsa. Quita el tanga. “Quédate con los tacones, me ponen”. Se pega, polla contra mi culo. Manos ocupadas. De pronto, coge mis muñecas. Clic. Esposas reales en el barrotes. Jadeo. Excitación pura. Se arrodilla. Besos en nalgas, muslos. Lengua sube desde tobillos. Llega al culo. Lamidas en el ano. Lo mete profundo, abriendo nalgas. Pierdo el control. Tira de mi pelo. Cabeza atrás. “¿Te gusta que te folle el culo con la lengua?”. Tira más fuerte. “¡Sí!”. “¿Te gusta que te traten como puta?”. “¡Sí, me encanta que me follen como puta!”. Libera pelo. Abre nalgas. Polla entra en mi culo de un golpe. Hasta el fondo. Inmóvil. Aprieta tetas, pellizca pezones. Duele y excita. Va y viene lento. Acelera. Nalgadas. Primero suaves, luego brutales. Piel arde. Dolor y placer se funden. Grito suave. Se retira antes de correrse.
El impacto brutal: sensaciones que me cambiaron para siempre
“Cámbrate más”. Bajo torso, pero esposas limitan. Me suelta, recoge abajo. Ahora a la perfecta: culazo arriba. Polla en coño, brutal. Fondo total. Más nalgadas. Gime fuerte. “Qué coño de puta tan bueno, te lo voy a llenar… ¡Haaaa!”. Exploto. Orgasmo brutal, sincronizado. Semen chorrea por muslos. Me desata. Ducha rápida. Nos tumbamos. Me mira. “¿Jean te folla así?”. “No”. “¿Te gusta lo bruto?”. “Sí”. Hablo de fantasías. Glory hole. Pollas anónimas por un agujero. Me excita. Se pone duro. Limpia y volvemos. Otra ronda increíble.
Después, vacío dulce. Ya no soy la misma. Esa tarde rompí barreras. Dolor que libera, rudeza que enciende. Mi inocencia se fue con esas esposas. Ahora ansío más. Jean nunca lo sabrá, pero yo renací en esa habitación.