Soné a las 17:55 en la puerta del podólogo. El calor del día me había hecho ducharme antes. Agua fría en mi piel. Cuarenta y cinco años, dos partos, pero aún me miro con orgullo. 1,65 m, 62 kg, curvas suaves, piernas firmes de correr, culo redondo. Senos 95B libres bajo la bata blanca ceñida, sin sujetador. Dudé con las bragas. Calor asfixiante. No las puse. Solo sandalias compensadas. Genou dolorido, pero el pulso ya acelerado.
Sala de espera elegante. Piedra vista, parquet. Compartida con enfermera y osteópata. Una mujer me mira con envidia. Gorda, descuidada. No compite. Un chico de veinticinco, musculoso, babea. Cruzo y descruzo piernas. Me divierto. Mi turno rápido. Él: alto, delgado, atlético, canoso. Ojos vivaces. Voz cálida. Manos largas, finas, fuertes. Me invita. Su mirada me roza. Me excita.
La Aproximación
Dossier nuevo. Charla banal. Me relajo. Explica tendinitis clásica de corredoras. Camino recta. Varias veces. Siente mis nalgas en la bata ligera. Toco pies con piernas rectas. Bata sube. Trasero expuesto. Sus manos en caderas, espina. Siente mis pechos libres. Lordosis leve. Podoscopio ahora. Espejo iluminado abajo. Subo. Piernas juntas. Me separa pies. ‘Natural por caderas’. ¿Sabe lo de las bragas? Piernas abiertas sobre espejo. Luz revela todo. Mi coño a la vista. Calor sube. Me mojo. Gota cae. La ve. No dice nada.
Bajo. ‘Piernas preciosas’. ¿Tiempo para masaje de pies? Última paciente. Mi cabeza grita no. Mi boca dice sí. Corazón late fuerte. No hay vuelta atrás. Miedo y deseo mezclados. Soy virgen en esto. Rutina con marido: sábado, polvo rápido, dormir. Esto es nuevo. Prohibido.
Me tumbo boca arriba. Bata cubre. Crema en pies. Manos suaves. Moldea. Sube a pantorrillas. No lo paro. Levanto rodillas. Abro piernas. Bata resbala. Vista directa a mi vulva húmeda. Manos suben muslos. Fuego en vientre. Abro más. Papillon expuesto. Consentimiento claro.
El Instante
Primer roce. Dedos en labios. Vuelve a muslos. Regresa. Clítoris hinchado. Tiemblo. A glúteos. Vuelve. Dedo dentro. Arqueo espalda. Labios en muslos. Lengua lame labios. Avida. Chupa clítoris. Dos dedos en mí. Muevo cadera. Ritmo perfecto. Nectar fluye.
Presión crece. Explosión. Grito. Chorros mojan su cara. Espasmos recorren cuerpo. Orgasmo brutal. Hace años no sentía así. Nos quedamos. Mano en muslos mojados. Otra en cara. Miradas hablan. Placer compartido.
Hora de ir. Me siento egoísta. No le devolví. ‘Semana que viene, semelles. 18h última’. Sonrío. Sin bragas para probarlas. Inocencia rota. Mundo nuevo abierto. Nervios dulces quedan. Adicta ya.