Subí las escaleras de cuatro en cuatro hasta el tercer piso. El ascensor estaba averiado. Mi corazón martilleaba en el pecho. Cuatro días de espera. Mensajes calientes con Magali. Ahora, aquí. Toqué el timbre. La puerta se abrió. Ella, camisa roja, falda negra. Delgada, pechos pequeños, piernas finas. Unos cuarenta. Sonrisa alegre, juguetona. Me invitó a pasar. Café en mano. Hablamos. Divorciada, sola. Fantasías acumuladas. Quería experimentar ahora, antes de otra relación. Mis relatos en Revebebe la habían encendido. Acordamos: diversión pura, sin compromisos. Secreto eterno.
La habitación era acogedora. Toalla en la cama, frasco de aceites. Se desnudó sola. La llamé. Estaba boca abajo, en bragas negras. Ofrecida. Mi polla se endureció al instante. Nervios en las manos. Temblaba un poco. Acaricié su espalda con un dedo, de hombros a talones. Curvas suaves. Inspiración fluyendo. Vertí aceite en las palmas. Frío, la hizo estremecer. Calenté frotando. Empecé por brazos. Presioné fuerte, de hombros a muñecas. Caricias tiernas en las manos. Luego, círculos en la espalda. Firmes, rítmicos. Bajé a caderas. Cosquillas. Ella levantó el culo. Se asomó un pecho. Repetí. Saltó riendo. Vi su pezón tieso. Mi miembro pulsaba en los pantalones. ‘¡Qué sensible!’, dije. ‘¡Me haces cosquillas!’, replicó. Jugué más. Rodó de lado. Pechos al aire. Pellizqué pezones duros. Rió fuerte. Se puso boca arriba. Aceite en sus tetas. Amasé. Pétris. Tiré de los pezones. Gemía bajito. Se retorcía. ‘¿Bien?’, pregunté. ‘¡Sigue!’. ‘Moja esas bragas’. ‘Ya están empapadas’. La puse boca abajo. Bajé las bragas. Culo perfecto. Aceite abundante. Malaxe fesses. Dedo en la raja. Rozó ano, labios. Suspiros. ‘Tus labios rosados brillan. ¿Quieres caricias?’. ‘Sí…’. Dedo mayor en su coño. Clit al fondo. Entró fácil. Chapoteo húmedo. Dos dedos. Tres. Se contrajo. Gritó. Orgasmó fuerte.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Se giró. Quitó bragas del todo. Piernas abiertas. Impúdica. ‘Quiero masajearte yo’. Me desnudé. Polla dura libre. Boca arriba. Aceite en mi pecho peludo. Bajó al vientre. Tetas balanceándose cerca de mi cara. No aflojaba. Cuádriceps. Tocó huevos. Glande goteaba. ‘¿Qué aceite es ese en tu polla grande?’. Untó pre-semen en círculos. Más salió. ‘Está muy llena. La vacío’. Manos aceitosas. Me pajeó. Lento, fuerte. Rápido. Jadeaba. Bolas subiendo. Frenó. ‘¡Vacíate, cerdo! ¡Échala en mis tetas!’. Explosión. Leche en su pecho, cuello. Rió a carcajadas. Yo también.
Nos vestimos. Un trago. Adiós como extraños. Bajé escaleras volando. Corazón aún acelerado. Esa tarde rompí algo dentro. Inocencia de escritor de cuentos inocentes. Ahora sabía el tacto real. La humedad viva. El olor a sexo. No hay vuelta atrás. Horizonte abierto. Placer nervioso grabado para siempre.