En la cama de Gwen, ese viernes eterno después de HEC. Cuatro días solos. Ella, desnuda como siempre, gazela fina y firme. Mi verga ya dura solo de mirarla. Pero hoy, su regalo: un tubo de gel lubricante y un cono de bolas crecientes. Su roseta me obsesiona hace meses. Dedos ahí la vuelven loca cuando me cabalga. Pero mi tamaño… XXL. Miedo a lastimarla. Corazón latiendo fuerte. Manos temblorosas.

Ella sonríe, pícara. ‘Sé delicado, agranda mi culito’. Untamos gel en el plug y en su ano prieto. Primera bola, fácil. Desliza. Ella gime suave, se muerde el labio. Segunda, tercera. Fluye. Yo sudando, polla palpitante. Cuarta bola frena. Dolor. La retiro, masajeo con dedos. Estiro. Vuelve. Ella jadea, se acostumbra. Quinto nivel, sufre. Camina con él, riendo como pato. Eyecta. Más gel. Ahora entra suave. Voy-retrocedo. La masturbo con eso. ‘Como una mierda viva’, dice riendo. Sexto nivel pasa. Camina normal. ‘Ahora tú’.

La aproximación: nervios y deseo incontrolable

Retiro el plug. Ano dilatado, rosado, hambriento. Unto mi verga, trato de calmarme. Pero una hora jugando… estoy al límite. Ella retrocede. Aspira aire. ¡Cloc! Glans entra. ‘Bola siete’, gruñe. ‘Gordo, pero caliente. Eres tú’. Yo: ‘¡Te estoy sodomizando, Gwen!’. Ella acelera, como parto. Cabeza pasa, resto sigue. Puedo moverme. Aprieta tanto. Delicioso. ‘Te amo’, se me escapa. ‘Yo también’, responde. Amor en pleno encule. Dedos en su clítoris, yo en tetas. Contracciones anales me aprietan. Sube placer.

El instante: penetración brutal y éxtasis anal

Muevo lento. Luego todo. Rápido. Vientre contra nalgas, ondas en carne. Ritmo perfecto. Ella se astica furiosa. Gritos, feos, gemidos. Mi verga se afina, alarga. Preorgasmo. ‘¡Vas, vas!’, brama. Eyaculo dentro, estrellas. Ella: ‘¡Láveme, lavementazo!’. Corre al baño, manos en culo. Ducha juntos. Lavamos. Agua tibia. Ojos en ojos. ‘Te amo’. Besos dulces. Cuerpos pegados.

Después, en brazos. Felicidad. Inocencia rota. No más límites. Anal descubierto. Placer nuevo, prohibido. Culo de Gwen, mío. Amor declarado en lo más sucio. Nervios idos, solo plenitud. Pero sé: cambia todo. No más inocente. Horizontes abiertos. Su roseta, adictiva. Corazón calmado, pero adentro, fuego eterno.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *