Versalles, 14 de octubre de 1668. Mi apartamento. Sentada en el sillón profundo, vestida simple, hombros y escote al aire. Entra monsieur de Grignan. Veinte cumplidos sobre mi belleza. Me pide la mano de mi hija. Tembloroso, pone una rodilla en tierra. Mi corazón late fuerte. Lo tranquilizo. Acepto. Salta de alegría. Se arroja a mis pies. Besos en las manos, hasta los codos. Incluso roza mis rodillas. Me llama la mejor suegra. Río nerviosa. El proverbio dice que para casar con la hija hay que agradar a la madre. Él insiste. Se levanta. Besos en las mejillas. Bajando al cuello. Al nacimiento de los pechos. Sobre el pecho descubierto por el escote. Mi pulso se acelera. Siento calor subir. No hay vuelta atrás. Sus labios queman. Desata mi corpiño. Echa los faldones de la camisa. ‘¡Oh, bienaventurado pecho que alimentó a mi amada!’, exclama ridículo. Mis hombros al aire. Mis pechos. A mis cuarenta y dos años, no como los de mi hija joven. Pero el corsé, y mi agitación, me favorecen. Palpita todo. Raideces deliciosas. Sus manos tocan donde ningún hombre desde mi marido. Dedos. Boca. Dientes. Chupa como si quisiera mamar. Marcas rojas. Tendré que taparme como jansenista. Mi vientre tiembla. Excitación del desconocido. Primera vez así. Nervios me aprietan el pecho.

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Se arrodilla de nuevo. No manos. Pies. Tobillos. Piernas. Alza mis faldas rápido. No quita zapatos ni medias. Apresurado. Llega arriba de las ligas. Me echo atrás en el sillón. Ayudo. Su boca en mi coño. Labios. Lengua fuera y dentro. Dientes suaves. No duele. Excita. Pocos hombres honran así el placer de la mujer. Mi cuerpo arde. Corazón desbocado. Sudor fino. Primera exploración tan cruda. Gimo bajito. Tensión sube. Se levanta. Desata calzones. Polla dura, perfecta. Grande. Lista. Me inclino. Mi boca para él. Sorprendido. Damas lo odian. Yo no. Labios, lengua, dientes con tiento. Deleite mutuo. No paramos ahí. Se retira mi boca. Entra en mí rápido. Preparada por sus besos. Yo virgen en espíritu ese día. Dolor mínimo. Posición incómoda. Echada en sillón profundo. Manos en brazos. Piernas en aire. Él de pie, agarra caderas. Suspendida. Fatigante. Pero placer picoso. Fuera de alcoba, mejor. Sillón bretón aguanta. Golpes rápidos. Siento clímax venir. Él cerca. Le digo: no dentro, por herederos. Entiende. Me baja. Arrodillo en alfombra. Él atrás. Arrodillado. Faldas alzadas. Entra por detrás. Soldado rudo. Dolor inicial. Grito. Sirvientes oyen quizás. Pero victoria. Ofrezco todo. Mano delante acaricia mi clítoris. Lenguaje sucio: ‘Tu boca y coño mejores que puta del Sena’. Cumplido varonil. Clímax largo. Abundante. Su mano me lleva más alto. Placer mezclado con molestia, superior.

La Aproximación

Se levanta. Se arregla. Yo igual. Diez besos en manos. Veinte gracias. Manda notario para contrato. Se va. Quedo sola. Cuerpo dolorido. Marcas en pechos, coño adolorido. Alfombra revuelta. Sillón intacto. Corazón aún late fuerte. No inocente ya. Descubrí abismos. Placeres nuevos. Con gendre. Prohibido. Adictivo. Miré mi reflejo. Mujer satisfecha. Madura en carne y alma. Dolor dos días. Recuerdo eterno. Mi hija lo tendrá suave. Yo, iniciada en lo prohibido. Horizonte abierto. Nervios dulces. Fin de pureza falsa. Adultez carnal.

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