Dentro del armario de la habitación 17 del hotel Akena, el corazón me latía como un tambor desbocado. Habían pasado minutos eternos desde que me colé por la ventana, enjambando balcones con manos temblorosas. El SMS accidental, ‘akena villette ch 17 14 h 30’, me había llevado hasta aquí. Mi mujer, con su falda ligera y corsage transparente, entrando con dos tipos deportivos. Luego un tercero en traje. No era trabajo. Era algo sucio, excitante. Me metí en la armoire de espejo, puertas cerradas. Oscuridad total. Solo oídos. Sudor frío en la nuca, polla ya dura contra el pantalón. ¿Y si me pillan? Miedo y ganas igual de fuertes. No hay marcha atrás. Entran los cuatro. Risas bajas. Robert, voz grave con acento, pide bebidas. ‘Vamos a empezar por desvestirte acariciándote. Seis manos, no te quejarás’. Silencio pesado. Imagino sus dedos en su piel generosa, tetas grandes, pezones endureciéndose. Mi respiración se acelera. El primer zipper. Bruits de ropa cayendo. ‘Siéntate al borde de la cama, te vendamos los ojos. Manos atrás, atadas. Nos chuparás a los tres’. Gritos ahogados. Chupeteo húmedo. Plop de saliva. ‘Abre más la boca… ya está mojada tu chocha’. Dedos hurgando. Gemidos suyos, han han. Mi mano tiembla queriendo tocarme. ‘Siente, viene… trágatela toda’. Primer chorro en su boca. Ella gime largo. Traga. Excitación me quema. Segunda polla. ‘¡Tira de mis tetas, los pezones!’. Tose, la follan la garganta. Tercera. ‘¡Suce, suce! ¡Al fondo!’. Tos fuerte, él la sujeta. Traga todo. Tres lefas en su boca. Mi inocencia se resquebraja con cada sonido. ‘Báñenme, la chocha me arde’. La ponen al borde, culo fuera, cabeza colgando. Robert la penetra. Hon hon hon con cada embestida. Boca llena otra vez. Aceleran. Haaaann continuo. Él eyacula dentro. Segunda corrida en su coño. Yo me corro en la oscuridad, semen en labios, sabor salado. Yasser la monta salvaje. Claqueteos, chasquidos húmedos. ‘¡Me vengo como nunca!’. Grita agudo, orgasmo brutal. Tercera corrida dentro. Dos pollas juntas la dilatan. ‘¡Oooohhh!’. No goza tanto. Yasser solo la revienta de nuevo. Cuarta, quinta corrida en su coño. Gime ronca, ah ah ah, aaaaaahhhh. Pierdo la cuenta de mis corridas, pantalón pegajoso. Robert promete más. Se van. Ella a Yasser: ‘Te la debo, siéntate’. Chupeteo profundo. Él: ‘¡Branla, trágalo!’. Se ahoga con su leche. Yo eyaculo sincronizado. Puerta cierra. Salgo. Cama destrozada, kleenex con restos. Vuelvo a casa en moto, polla sensible. Ella llega sonriente. Cena, charla. ‘Tres citas de mierda’. Sonrío. En el sofá, le toco tetas. Baja a mi polla. Me la traga hondo, hace correr. No traga, deja chorrear. La monto. Coño abierto, lubricado por ellos. ‘Admite, ¿un gordo te la metió?’. Sonroja, goza callada. La limito largo, pero no como ellos. Esa tarde en el armario fue mi primera vez. Fin de inocencia. Inicio de un mundo nuevo, voyeur, cornudo. Latidos aún resuenan.

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