Estábamos fuera de la vista de la casa, junto a la piscina, extendiendo la lona protectora. El sol del atardecer calentaba mi piel. Mi corazón latía fuerte. Beran me seguía. Me giré. Ahí estaba, desnudo. Su sexo largo y ambarino colgaba sobre sus bolsas pesadas. Inmóvil. Sus ojos dorados me devoraban. El pulso me aceleró. Sudor en la nuca. Miedo y ganas revueltas. Sabía que no pararía.

No sé por qué. Quizás el roce en la piscina. Sus dedos en mi sexo bajo el agua. Orgasmos robados. O sus miradas hambrientas desde el primer día. Mi cuerpo traicionero. Pezones duros bajo el bikini. Vientre húmedo. Lo miré. Desnuda en segundos. Mi pecho pesado, caído. Mi vello púbico espeso, negro, subiendo al ombligo. Abierto ante él. Dieciocho años me separaban. Pero el deseo ardía. Nos acercamos. Pasos lentos. Alientos cortos. El aire espeso. Sus ojos en mi monte de Venus. Mi mano temblaba queriendo tocarlo.

La Aproximación: Tensión y rendición

Matelas de playa en el suelo. Me tumbé. Piernas abiertas. Impúdica. Mi coño expuesto, labios ocultos en la mata rizada. Húmedo ya. Goteando. Él se lanzó. Sin besos. Sin caricias. Solo hambre. Su verga entró de golpe. Dura como madera. Larga. Me llenó. Un gemido escapó. Dolor placer. Mi inocencia burguesa hecha trizas. Corazón desbocado. Nervios a flor de piel.

Se movía torpe. Como un cachorro frenético. Empujones profundos. Veía su sudor caer en mis tetas. Las amasaba mal. Mordía pezones. Yo arqueaba la espalda. Vagina apretándolo. Ritmo salvaje. Olía a hombre joven, transpirado. Mi clítoris palpitaba rozado. Oleadas subían. Orgasmo tras orgasmo. Silencio roto por jadeos. No palabras de amor. Solo carne. Sus bolas chocaban mi culo. Maladroite excitante. Primera vez real. No como el pene fláccido de mi marido.

El Instante: Placer brutal y descubrimiento

Groñidos suyos. Más desordenados. Sabía que venía. No importaba. Trompas ligadas. Jets calientes inundaron mi coño. Potentes. Largos. Mi vientre se contrajo. Éxtasis brutal. Me vació dentro. Sacó su verga. Semen chorreaba de mí. Beso torpe en labios. Se vistió. Huyó avergonzado. Yo abierta, piernas temblando. Jugadas mezcladas en mi vello. Insatisfecha aún. Quería mimos. Palabras. Pero el fuego ardía nuevo.

Entré en casa. Marido en cama. Ducha larga. Agua lavando su esencia de mi piel. Dedos en la toison, reviviendo. Cama. Él quiso su deber. Le chupé. Sin ganas. Eficaz. Sus gotas en pañuelo. Dormí revuelta. Sueños de serpiente ambarina penetrándome. Inocencia rota. Horizontes abiertos. Ahora ansiaba más. Educación para él. Placeres para mí. Aquella tarde junto a la piscina lo cambió todo. Nervios convertidos en vicio.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *