En el dormitorio. Mi casa. El lugar sagrado donde follaba a Cristina. Corazón latiendo como un tambor. Sesenta y cinco años y sudaba como un crío. Pauline delante, en mi cama. Sus tetas firmes saltando libres. Olía a su coño húmedo. Miedo y verga dura. ¿Y si Cristina llegaba? No, estaba en Brest. Mentira mía para justificar esto.

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Llegamos volando del restaurante. Ella quitándose el sujetador en los baños. Tetas perfectas asomando bajo la blusa. Caminamos por la calle, ella meneando el culo en ese vaquero. Me empalmé en el coche. Mano en mi polla, susurrando guarradas. ‘Estoy chorreando por ti, viejo’. Portal abierto. Escaleras arriba. La pegué al muro. Le arranqué la blusa. Sus pezones duros en mi boca. Mordí suave. Gimió. Dedos en su coño empapado. Vibraba ya.

La Aproximación

Me arrodillé. La chupé ahí mismo. Lengua en su clítoris. Salió saliva y jugos. Pero ella mandaba. Se giró, sacó mi polla. La engulló entera. Mirada clavada en la mía. Follando mi boca con los ojos. Subió las escaleras despacio. Culazo balanceándose. La seguí hipnotizado. En lo alto, manos en las paredes. ‘¿No quieres follarme ya?’. La embestí contra el muro. Mano en su tanga. Coño ardiendo. Quería metérsela ahí. Pero no. ‘En vuestra cama. Donde follas a tu mujer’.

Corrió al dormitorio. Puerta azotada. Entré. Luz tamizada. Ella en la cama. Con un abrecartas en la mano. Sangre helada. ¿Arnaque? Francis tenía razón. Me senté en el sillón. Temblando. Ella rió. ‘Cierra los ojos’. Los entreabrí. Rebuscó en el armario. Zapatos de Cristina. Su camisa blanca. Mi sombrero viejo. Salió del baño. Talones altos. Piernas eternas. Camisa cubriendo muslos. Sonrisa puta. ‘¿Quieres jugar conmigo, señor?’.

El Instante y la Huella

Se meneó. Striptease lento. A cuatro patas en la cama. Tanguita entre nalgas. Se quitó la camisa. Tetas rebotando. String bajando. Coño depilado llamándome. Se arrodilló. Listo para saltar. Entonces, voz: ‘Veo que os divertís’. Cristina. Mundo derrumbado. Complices. Traición. Pero ella sonrió. Besó a Pauline. Lenguas enredadas. Yo, polla tiesa aún. Se tocaron. Tetas contra tetas. Cristina encima. Pauline lamiéndole el coño. Yo mirando, idiota.

Cristina me miró. ‘¿Qué esperas, chouchou?’. Me acerqué. Polla en su mano. Beso salvaje. La penetré mientras Pauline lamía mis huevos. Rugidos. Cristina corrió. Yo eyaculando en la boca de Pauline. Después, revelación. Habían follado antes. Tres meses. Me prestaba a Pauline. ‘Te quiero, viejo’. Abrazo. Agua corriendo en el baño. Pauline volvió. Desnuda. Sonrisa. Nueva erección.

Aquello rompió algo. Fin de mi inocencia monógama. Abrí horizontes. Nervios viraron placer compartido. Latidos calmados en gozo. Ya no viejo solo. Hombre vivo. Marca imborrable. Muerte dulce esperándome.

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