La tienda iglú olía a humedad y a pino. Me acurruqué en el saco de dormir, el frío del Capcir calándome los huesos. El lago de Bouillouses susurraba afuera, negro y quieto bajo las estrellas. Mi corazón latía desbocado. Thomas. El primo de Marc. Un chaval de dieciocho. ¿Qué coño hacía yo esperando ahí, con el cuerpo ardiendo?

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Todo había empezado esa tarde. La pesca, las miradas. Su llegada casual. Le conté lo de Manon, él se abrió. Luego, el juego. Mis dedos rozando su polla bajo la tienda de campaña. Su erección dura, palpitante. Me excité como nunca. Una atracción animal, inexplicable. Ahora, sola en la oscuridad, el suelo duro me pinchaba la espalda. Sudaba pese al hielo. ¿Vendría? ¿O era solo un farol de adolescente?

La aproximación: espera y fuego interior

Pasos crujieron en la grava. La cremallera chirrió. Entró. Silueta alta, nerviosa. Sus ojos brillaban en la penumbra de la linterna. “Sophie…”, murmuró. Mi pulso se aceleró. No había marcha atrás. Me incorporé, el saco resbaló. Mis pechos desnudos bajo la camiseta fina. Él tragó saliva. Se acercó gateando. El aire se cargó de electricidad.

Sus manos temblaron al tocarme. Primero los hombros. Tibias, torpes. Bajaron a mis pechos. Los apreté contra su palma. Gemí bajito. Nervios y ganas revueltas en el estómago. Me besó el cuello. Boca húmeda, inexperta pero hambrienta. Le quité la camiseta. Su pecho liso, joven. Olía a sudor fresco y lago. Mi mano bajó a su pantalón. Lo abrí. Su polla saltó libre, gruesa, venosa. Primera vez tocando algo tan joven, tan vivo.

El instante y la huella: placer brutal y despertar

Se tumbó sobre mí. El suelo helado contra mi espalda. Pesaba poco, pero su calor me invadió. Nos besamos. Lenguas torpes chocando. Mordí su labio. Él jadeó. Le guié la mano entre mis piernas. Estaba empapada. Dedos inexpertos rozando mi clítoris. Un rayo me subió por la espina. “Joder, Thomas…”, susurré. Empujó. Su verga entró de golpe. Dolor dulce, lleno. Estiré las piernas. Clavé uñas en su culo.

Follando como posesos. Ritmo salvaje. El saco crujía. Sudor goteando. Sus embestidas profundas, brutales. Yo arqueada, gimiendo sin control. Primera vez sintiendo esa urgencia primal con un crío. Él gruñía, perdido. Mi coño lo apretaba, chorreando. Venida brutal. Olas me sacudieron. Él se corrió dentro, caliente, abundante. Colapsamos. Alientos entrecortados. El frío volvió, pegajoso.

Después, silencio. Su cabeza en mi pecho. Mi mano en su pelo revuelto. Culpa y éxtasis mezclados. ¿Qué había hecho? Rompí algo dentro. Mi inocencia de profe respetable. Ahora sabía el vicio. Ese deseo sobrenatural por un chaval. Marc al fondo de mi mente, pero Thomas marcado en mi piel. Dolor sordo en las caderas. Semilla tibia entre mis muslos. Sonreí en la oscuridad. Ya no era la misma. El umbral cruzado. Hacia un abismo delicioso.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *