Casi las ocho en Burdeos, plaza Pey Berland. Camino con Omer, mi labrador, cuando la veo bajar de esa citadine en marcha. Piernas bonitas, enfadada, huyendo de su ex. La sigo con la mirada, curiosidad picando. Se sienta en un banco, llora un poco. Le ofrezco pañuelos, torpe. Ella busca cigarrillos, ríe. Pedimos fuego, no tengo. Hablamos del perro. Omer la conquista con babas. La invito a un café. Acepta. Nervios en el estómago, corazón latiendo fuerte. ¿Y si dice no? Pero va.
Terrasa del café. Me llamo Rémi, ella Marie. Veintitrés años, de Lille, estudios de comercio. Su ex, un idiota. Yo, treinta y cinco, divorciado. Risas. Hablamos banalidades, pero mis ojos en sus labios carnosos, piernas bajo la falda. Invitación al indio. Cena seductora. Bromas, roces visuales. ‘¿Quieres ver mi colección de polars?’, digo. Ella sonríe pícara: ‘¿Seguro que polars?’. Risas rojas. Beso en la mesa, lenguas torpes al principio, luego fuego. ‘Vamos’, susurra. Caminamos rápido a casa. Noche fría, pero calor dentro. Puerta cierra. Me lanzo. Besos urgentes. Omer empuja, hambriento. Le doy croquetas. Ella en el sofá, en bragas.
La Aproximación: Tensión y deseo imparable
Piernas abiertas, frío fingido. Me desnudo veloz, tropiezo con camisa. Cuerpo contra cuerpo. Manos impacientes. Sus dedos bajo mi bóxer, agarra fuerte. ‘Despacio’, digo, pero excita. Quitamos todo. Vello púbico oscuro, atractivo. Tetas firmes, pezones duros. Los chupo, muerdo suave. Ella gime, tira pelo. Preservativo. Lo pone ella, experta. Se echa atrás, piernas abiertas. ‘Ven’. Dedos en su sexo húmedo, caliente. Me guía dentro. Ceñida, resbaladiza. Empujo lento. Gime bajo. Uñas en nalgas, duele rico. Ritmo acelera. Omer mira, bavo goteando. ‘¡Fuera!’, lo echo. Volvemos, más hondo. ‘¡Oh sí!’, grita. Corazón truena, sudor, piel pegada. No aguanto. Vengo gimiendo, ella araña espalda.
Respiro agitado. ‘Guau, qué bueno’, dice. Beso tierno. Ducha caliente, cuerpos lavados. Cama, duerme rápido. Yo despierto, la miro desnuda. Mañana, tram silencioso. ‘¿Nos vemos?’, pregunto. ‘Llámame’. Se va sin número. Tram arranca. Manos en bolsillos, teléfono vacío. Vexado, pero pleno. Esa noche rompió algo en mí. Post-divorcio, primera vez viva, cruda. Nervios convertidos en fuego. Inocencia de soltero ida, horizontes abiertos a lo salvaje. Omer ladra, vida sigue. Pero esa huella quema aún.