En el vestuario de la sala de sport. El olor a sudor y desinfectante me ahogaba. Me escondí en la cabina, lágrimas calientes en las mejillas. Juliette me había traicionado delante de todos. Con Flora. Esa puta. Mi corazón latía desbocado, un tambor de rabia y confusión. Oí voces. Cassandra mentía por mí. Juliette se fue, navrada. Silencio. Golpes suaves en la pared. ‘Puedes salir, se han ido’, dijo Roméo. Su voz grave me erizó la piel. Abrí la puerta despacio. Él ahí, alto, ojos intensos. Me miró indecisa. Di un paso. Otro. Mi cuerpo buscaba refugio. Sus brazos me envolvieron. Fuerte. Cálido. Mi cabeza contra su pecho. Oí su corazón, rápido como el mío. Miedo. ¿Y si Juliette vuelve? ¿Y si alguien entra? Pero el deseo ardía abajo, traidor. Sus manos bajaron por mi espalda sudada. Temblé. Nervios. Sudor fresco de la ducha. Pequeños pezones duros contra su camisa. ‘Lo siento, Eloïse’, murmuró. Su aliento en mi pelo. Olía a hombre, a gym, a pecado. No pude resistir. Alcé la cara. Nuestros labios rozaron. Maladroite. Dudosa. Pero explotó. Lengua suya invadiendo mi boca. Salada. Hambrienta. Gemí bajito. Manos en su nuca, tirando de él. Caímos contra la pared fría. Metal helado en mi culo. Sus caderas presionaron. Sentí su polla dura, enorme, contra mi vientre. palpitante. ‘Roméo…’, susurré. Nerviosa. Primera vez desde la ruptura. Primera traición mía. Sus dedos bajaron mi top. Pechos libres. Fríos. Él los devoró. Mordiscos suaves, torpes. Jadeé. Piernas flojas. Manos mías en su pantalón. Bajé la cremallera. Temblando. Polla saltó fuera. Gruesa, venosa, cabeza roja brillante de precum. Primera vez viéndola así, sola para mí. La apreté. Dura como hierro. Él gruñó. Me volteó. Pared en tetas. Pantalones al suelo. Bragas rasgadas. Dedos suyos en mi coño. Húmedo. Chorreante. ‘Estás empapada’, dijo ronco. Entró uno. Dos. Bombeó. Grité ahogado. Clit hinchado rozando su palma. Orgasmo cerca ya. Nervios me mordían. ¿Ruido? ¿Alguien? Pero no paré. ‘Fóllame’, rogué. Primera vez suplicando así. Me penetró de golpe. Llenándome. Dolor dulce. Estiré. Gemí fuerte. Embestidas brutas. Pared vibrando. Sudor goteando. Sus bolas golpeando mi culo. Ritmo salvaje. Malicioso. Piernas enredadas. Uñas en su brazo. ‘Más’, jadeé. Él aceleró. Gruñidos animales. Mi coño apretándolo. Explosión. Vine gritando. Espasmos. Él dentro, caliente, llenándome de leche. Colapsamos. Al suelo. Pegajosos. Respira jadeante. Besos suaves ahora. Tiernos. Culpa pinchando. Lágrimas frescas. Mi inocencia rota. Ya no era la fiel de Juliette. Nuevo mundo. Placer prohibido. Horizonte abierto a más traiciones. Pero esa noche, en sus brazos, me sentí viva. Marcada para siempre.