Era una noche de noviembre, en la fiesta de unos conocidos. Nuevo apartamento, luces tenues, risas flotando en el aire cargado de alcohol. Yo, Emmanuelle, treinta y un años, cuerpo que volvía locos a los hombres aunque yo me viera gorda. Senos pesados, caderas anchas, culo demasiado redondo. Estaba con un par de amigos, charlando, pero algo en el ambiente me ponía nerviosa.
De repente, la puerta se abrió. Entró él. Gufti Shank. Todas las mujeres se lanzaron como lobas. Gritos, besos, manos por todas partes. Mi vecino balbuceó su nombre. Exótico. Desconocido. Pero su presencia me golpeó como un rayo. Corazón desbocado. Latidos en los oídos. Piernas flojas, como si el suelo se hundiera. Calor subiendo por el vientre, húmedo, insistente.
La Aproximación
Lo miré. Él giró la cabeza. Nuestros ojos se cruzaron. El mundo se detuvo. Sudor en la nuca. Manos temblando con la copa. Quería huir. Pero el deseo me clavaba allí. No soy fácil, me repetía. Pero mis pezones se endurecían bajo la blusa. Bragas empapadas. Sabía que no había marcha atrás.
Me acerqué. Empujando cuerpos. ‘Buenas noches’, murmuré. Voz ronca, patética. Él sonrió. Dientes blancos, ojos profundos. Su mano rozó mi brazo. Electricidad. Corazón a mil. ‘Emmanuelle’, dijo él, como si me conociera de siempre. Me llevó a un pasillo oscuro. Puerta entreabierta. Habitación vacía. Cama deshecha. Entramos. Puerta cerró con clic.
Respiraba agitada. Manos sudadas. Él se acercó. Olía a hombre, a colonia fuerte. Nervios me comían viva. ¿Y si no gustaba? Mis curvas, mi inseguridad. Pero sus ojos devoraban mis tetas. ‘Eres preciosa’, susurró. Mentira, pensé. Pero creí.
El Instante
Sus labios en los míos. Primer beso torpe. Dientes chocando. Lengua invadiendo. Gimo ahogado. Manos en mi cintura. Aprieta. Bajo la falda. Dedos en mis muslos. Temblaba. Excitación pura. Desconocida. Bajó mi blusa. Senos libres, pesados. Los chupa. Mordisquea pezones. Rayos al clítoris. Piernas ceden.
Me tumba en la cama. Falda arriba. Bragas rasgadas. Polla dura. Enorme. Veo mi coño mojado, expuesto. Vergüenza quema. Pero deseo gana. Entra lento. Estira. Duele un poco. Grito suave. Empieza a moverse. Fricción brutal. Carne contra carne. Sudor mezclándose. Mis caderas responden. Instintivas.
Acelera. Jadeos. Olor a sexo. Clítoris hinchado. Sensación nueva. Presión subiendo. Vientre contrae. ‘¡No pares!’, suplico. Explosión. Olas. Cuerpo convulsiona. Grito ronco. Orgasmo. Primero. Real. Brutal. Líquido caliente dentro. Me deshago. Lágrimas.
Sale. Cae a mi lado. Silencio. Yo, jadeante. Cuerpo nuevo. Inocencia rota. Ya no soy la misma. Gufti Shank me abrió puertas. Placeres insospechados. Ahora vivo para eso. Aquella noche en la fiesta cambió todo. Fin de la frustración. Inicio de la adicción.