El dormitorio olía a perfume fresco y anticipación. Me miré al espejo, el tanga blanco ceñido, el sujetador balconet empujando mis pechos. El jean ajustado marcaba cada curva. El corazón me latía fuerte, como un tambor desbocado. Marie iba a llegar. Mi primera vez con una mujer. Nervios me trepaban por la piel. ¿Y si Eric sospechaba? ¿Y si no me gustaba? Pero el recuerdo de su dedo en el coche… Dios, me había corrido como nunca.
Sonó el timbre. Abrí la puerta y sus labios chocaron contra los míos. Lenguas ansiosas, húmedas. Entró, su mini falda negra prometiendo todo. ‘Me pones cachonda’, murmuró. No respondí. La seguí al dormitorio, piernas temblando. Nos besamos con furia. Sus manos subieron mi top, rozaron mis tetas duras bajo el sujetador. Jadeaba ya. Me arrodillé, subí su falda. String negro empapado. Lamí sus muslos firmes, el tejido húmedo. Aparté la tela: su coño abierto, jugoso. Olía a sexo puro. Gemí al lamerlo.
La aproximación: espera temblorosa y deseo incontrolable
Me levantó. ‘Hagámoslo bien’. Se quitó la falda, quedó en lencería. Se tumbó en la cama. ‘Ven, siéntate sobre mí’. Me encaramé, entre sus piernas abiertas. Nuestros sujetadores rozaron, pezones eléctricos. Besos eternos, saliva compartida. Mordisqueó mi oreja: ‘Tu culo es perfecto, lo quiero’. Sudaba, mi tanga chorreaba. ‘Fóllame primero’. Me ayudó a quitar el jean. String manchado. Nos desabrochamos los sujetadores. Tetones al aire, frotándose, chispas de placer.
Ella bajó mi tanga, yo la suya. ‘Cómetela’, supliqué. Me volteó, me arrancó el string. Su boca devoró mi coño. Dientes suaves mordiendo labios, lengua hurgando clítoris. Perdí el control. Nos pusimos en 69. Chupábamos mutuamente, bebiendo jugos calientes. Mi orgasmo llegó primero, grito ahogado, cuerpo convulso. Haletante, exhausta. ‘¿Paramos?’, preguntó. Agarré su cabeza contra mi teta: ‘No, sigue’.
El instante: contacto brutal y explosión de sensaciones
Se colocó entre mis piernas. Nuestros coños en tijera, frotándose lentos al inicio. Ritmo acelerado, clítoris chocando. Sus dedos jugaban entre nosotras, empapados. Los chupé, salados, míos y suyos. Gemidos sincronizados. Segundo orgasmo nos barrió, colapsamos besándonos, sudorosas.
Desperté sobresaltada. Coche de Eric afuera. Salté a nueva ropa interior, medio vestida. Bajé a distraerlo. Marie salió: ‘Le enseñaba su lencería’. Sonrisas nerviosas. En la puerta: ‘Ha sido brutal, quiero más’. ‘Mañana’. Beso discreto.
Aquella tarde me marcó. Inocencia rota, horizontes abiertos. Cada roce recordado acelera mi pulso. Ya no era la misma. El placer de lo prohibido, nervioso, crudo. Adictivo.