Entro en la cámara de Madame Arlette con el corazón latiendo fuerte. Llevo el plateau con la botella de aceite de violetas. Hace diez días que el Capitán se fue. La casa está tranquila, casi vacía. Madame yace en su meridiana, envuelta en un peignoir de seda fina. Sus ojos nerviosos me buscan. ‘Oh, mi pequeña, tengo los nervios de punta’, dice. Le ofrezco el frasco. Lo huele, sonríe. ‘Delicioso. Úsalo en mi espalda’. Mi pulso acelera. Temo manchar la seda. ‘Madame, ¿podría deslizar el peignoir? Para un contacto directo’. Silencio. Luego, ‘Hazlo’. Deslizo la tela por sus hombros. Su piel blanca, desnuda, brilla. Nada debajo. Mi aliento se entrecorta. Vierto aceite en mis palmas. Caliente, fragante. Toco su nuca. Huesos finos bajo la piel suave. Masajeo despacio. Nudos que se deshacen. Sus hombros se relajan. Bajo por la columna. Movimientos amplios. El aceite resbala. Mis manos llegan al hueco de la espalda. Rozo la curva de sus nalgas. Ella murmura ‘Otra vez, Sophie’. No hay vuelta atrás. El deseo me quema. Sus caderas se abren bajo mis dedos. Amaso las carnes firmes. Su cuerpo tiembla. Mi corazón martillea. Sé que cruzamos una línea. Pero sigo. No puedo parar.

Se gira. El peignoir cubre solo su bajo vientre. Sus pechos altos, pezones oscuros y tiesos. Me mira, cierra los ojos. ‘Los flancos también’. Masajeo hombros, bajando al pecho. Rozo el borde. Ella se arquea. Mis pulgares resbalan sobre los pezones. Duros como guijarros. Gime. Frota contra mis dedos. Temo herirla, pero su grito es de frustración. Los aprieto. Suaves, elásticos. Palpas calientes bajo mis manos. Se toca abajo, bajo la tela. La atrae mi cabeza. ‘Lámelos’. Mi boca en su pecho. Lengua suave al principio. Luego chupeteos secos. Mordiscos leves. Gime más fuerte. Veo su mano en su sexo. Curiosidad me invade. Bajo la vista. Ella me guía. ‘Ahí también, como arriba’. Piernas abiertas. Mi cara contra su triángulo. Poquitos pelos. Lengua explora. Pliegues húmedos. Calor mojadito. La recorro. Encuentro el montículo. Lo lamo. Se tensa. Agarra mi nuca. ‘¡No pares!’. Remuevo la lengua. Como un perro ansioso. Su clítoris hinchado. Grita, se estremece. Espasmo largo. Cae atrás, jadeante.

La Approche: Nervios y Deseo en la Cámara

Me arrodillo, atónita. Boca húmeda de su sabor salado. Ojos abiertos, fijo su cuerpo lánguido. ‘Bien hecho, pequeña. Pero no digas nada’. Acaricia mi brazo. ‘Tú también lo disfrutaste’. Su mano bajo mi vestido, roza mi pecho. Chispa en mí. Asiento, muda. Entiendo el secreto. Me levanto, aliso el delantal. Corazón aún acelerado. Guardo el aceite. ‘¿Un refresco, Madame?’. Sonríe, se cubre. ‘Limónada fresca. Y un peignoir limpio’. Salgo. La inocencia rota. Un mundo nuevo se abre. Nervios, placer culpable. Ya no soy la misma niña de la Baronessa. Este toque me marca para siempre.

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