En la habitación del coqueto apartamento del Marais, París, después del maratón. El cuerpo aún dolorido por los 42 kilómetros. Sudor seco en la piel. Marie entra con el tubo de gel en la mano. Su camiseta ajustada manchada de quién sabe qué. ‘¡A ti te toca!’, dice con esa sonrisa pícara. El corazón me late fuerte. Años de fantasmas de la facultad me asaltan. Tres años viéndola follar con todos menos conmigo. Ahora, aquí, soltera de nuevo, ella ofrece sus manos.
Me levanto mecánico. Me quito la ropa, menos el bóxer. Orgullo tonto. Me tumbo boca abajo. Cierro los ojos. Sus manos calientes en mis tobillos. Frotan lento, suben por las pantorrillas. Dolor y alivio mezclados. Nervios en el estómago. ¿Y si Mick entra? ¿Y si es una trampa? Siento su peso cuando se sube a horcajadas. Imagino su coño depilado rozando mis piernas. El pulso acelera. Sus dedos detrás de las rodillas. Suben a los muslos. Masaje firme, profesional. Pero el calor sube. Mi polla despierta, traicionera.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
‘¿Bien?’, pregunta. ‘Un bien enorme’, respondo. Continúa. Mick aparece. ‘¡Ponedlo a punto, cariño!’. Se sienta cerca, espectador. No hay marcha atrás. El miedo se mezcla con excitación. Sus manos en el interior de los muslos. Deslizamientos suaves. Frío en la espalda, calor abajo. Me giro. Pies, piernas. Se sube otra vez. Camiseta arriba, visión de su sexo. Cierro ojos. Polla dura contra el bóxer. Vergüenza. Sus manos en hombros. Culo sobre mi pelvis. Se mueve. Frote sutil. Cada vaivén, tortura deliciosa. Latidos en las sienes. Sudor fresco.
Sus caderas avanzan, retroceden. Me masajea la verga con su coño, a través de la tela. Ardiente. No casual. Mick callado, cómplice. ‘¿Te gusta?’, susurra. ‘Adoro’. No paro. Quiere más. Agarra mis manos, las pone en sus muslos. Piel suave, caliente. Tira la camiseta. Pechos altos, pezones duros. Los amaso. Fuerte. Muevo caderas. Simulo follar. Boca en la mía. Saliva dulce, embriagadora. Mano en mi bóxer. Agarra mi polla. Baja. Lengua en cuello, pezones, ombligo. Me la saca. Boca en el glande. Succión experta. Años soñando esto.
La huella: placer culpable y despertar adulto
Me levanta las rodillas. Oreja bajo la espalda. Dedos en el ano. Lengua ahí. Locura. Gimo alto. Cuerpo en llamas. Nos frotamos. Olores, sudores fundidos. Michel entra. No importa. Ella sube, frota tetas en mi polla. Michel la penetra por detrás. Follada brutal mientras me chupa. No resisto. Eyaculo en su boca. Espasmos. Vacío total.
Se affala sobre mí. Huele a sexo. Se levanta. besa a Mick. Salen. Michel y yo, desnudos, mudos. Pena por Mick, cornudo feliz. Rabia por no haberla follado yo. Pero alivio. Inocencia rota. Ya no soy el pringado de la fac. Despertar visceral. Corazón calmado, polla satisfecha. Marca indeleble. Aquella noche, crucé el umbral. Adulto, cachondo, libre.