En el camper, bajo el sol abrasador de julio en las Landas. Habíamos follado como locos después de la playa. Tú, boca abajo, dormida o fingiendo. Yo, medio adormilado, ojos entreabiertos. Mi corazón late fuerte. De repente, una mano aparece en el borde de la ventana. Masculina, sin duda. Baja despacio por tu pierna bronceada. La piel erizada. Tiembla el aire. No digo nada. Miedo y excitación me clavan al colchón.
La mano sube. Palpa tus nalgas perfectas. Se amolda a ellas. Tus caderas se elevan solas, ofreciéndose. Nervios en el estómago. ¿Quién es? ¿Lo sabes tú? El dedo índice se mete entre tus nalgas. Roza tu ano. Tú no hablas. Abres las piernas poco a poco. Levantas el culo alto. Tu coño expuesto, húmedo aún de nuestro polvo. El dedo lo encuentra. Lo acaricia. Entra y sale rápido, empapado. Masturba tu clítoris con furia.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Respiras pesado. Tus nalgas tiemblan. El placer sube como una ola. Piernas tensas. Gimes bajito. Explotas. Tu coño chorrea. El dedo no para. Ahora dos, index y medio, follan tu punto G. Salen chorreando tu jugo. Desaparecen. Tú caes rendida. Yo, con la polla dura como piedra. ¿Fue la primera vez? ¿O ya antes, cuando yo dormía?
En la playa naturista, te miro. Tetas al sol, coño depilado reluciente. Hombres alrededor. ¿Cuál fue? Mi mente gira. Polla tiesa imaginándolo. Noche de sexo salvaje. Te follo pensando en esa mano.
Al día siguiente, regreso del almuerzo. Tensión en el aire. Te miro leer fuera, falda corta, piernas infinitas. Entras al camper. Sabemos lo que viene. Te desnudas lento. Piel caramelizada, irresistible. Besos en labios, tetas erguidas por mi lengua. Bajo a tu vientre salado de mar. Lamo tu pubis. Tú chupas mi polla, casi me corro.
El instante y la huella: placer brutal y despertar
Te tumbo. Ojos cerrados. Giro tu cuerpo hacia la ventana abierta. Ofreciéndote. Mis manos en tus tetas. De pronto, esas manos ajenas en tus pies. Abres los ojos. Me miras. Los cierras de nuevo. Aceptas. Deseo puro. Sus manos suben por piernas. Las mías al clítoris. Cuatro manos en tu coño. El suyo abre labios, masturba clítoris frenético. El mío penetra, index y medio empapados. Te corres gritando. Chorros entre nalgas.
Me meto en ti. Te follo duro. Él acaricia muslos. Luego, su dedo entra contigo. Siento su roce dentro. Tu coño se abre para los dos. Gimes como nunca. Orgasmo eterno. Sus dedos salen jugosos. Se va. Tú duermes. Yo, atónito. Placer nuevo. Inocencia rota.
Después, todo cambió. Miradas cómplices. Tensión sexual constante. Esa mano abrió puertas. Fin de tabúes. A los 40, descubrimos el vértigo del desconocido. Latidos acelerados. Cuerpos temblando. Ahora, cada siesta es promesa. Mi polla dura al recordarlo. Tú, siempre lista. Aquella primera vez, en el camper caliente, nos hizo adultos de verdad.