Llamo a la puerta de su habitación. El corazón me late fuerte. Hace frío en el pasillo, pero sudo. Marcel ronca como un motor roto al lado. No aguanto más. ‘¿Qué pasa ahora?’, grita ella, voz irritada. ‘Soy Jean. No puedo dormir con ese ruido. ¿Me dejas el otro cama?’. Silencio. Oigo la llave. ‘Entra’. Paso rápido. Ella ya en la cama, sábana hasta el mentón. Abro el otro lecho, me giro de espaldas. ‘Gracias. Buenas noches’. Pausa. ‘¿De verdad quieres dormir? ¿No prefieres venir aquí?’. Me vuelvo. Luz encendida. Ha bajado la sábana. Desnuda. Totalmente. Estómago se contrae. Piernas largas, musculosas. Pecho plano, pezones oscuros y tiesos. Vientre firme. Raya de vello negro sobre sexo depilado. ‘Estás preciosa’, digo sincero. ‘Pero creía que…’. ‘Sé lo que piensas. No me gustan los brutos. Tú no lo eres. ¿Sí o no? ¿No te gusto?’. Salto de la cama. Me quito camiseta y slip. Avanzo desnudo, polla dura. Ella mira: ‘Mmmh. Cambia del vermicello de él’. Mi pulso acelera. Esto es nuevo. Una lesbiana, desnuda para mí. Miedo y ganas chocan. No hay vuelta atrás.

Se acerca. Coge mi polla, me masturba suave. Me inclino, beso su boca. Lengua fiera, enreda la mía. Nunca un beso así. Me pongo más duro. ¡Una lesbiana! Bajo a su pezón. Duro como piedra. Ella empuja mi cabeza, luego tira: ‘¡Para!’. ‘¿Te hice daño?’. ‘No. Casi me corro’. ‘¡Sigue!’. ‘Quiero disfrutarlo más’. Chupo fuerte. Piernas tiemblan. ‘Quiero probar tu coño’. ‘Ven, cabrón, cómemelo’. Bajo. Coño chorreando. Sabroso. Me arquea, empuja caderas. Tira mi cabeza: ‘¡Cabrón! ¡Fóllame ya!’. Subo. Ella guía mi polla dentro. Húmeda, caliente. Beso, le paso su jugo. Lengua la lame toda. Piernas largas me envuelven la cintura. Músculos aprietan, sueltan. Me usa como un dildo vivo. Ritmo suyo. Me excita su mando. Rozo pezón. Se arquea, grita: ‘¡Cabrón! ¡Me corres! ¡Dame tu leche!’. ‘¡Toma, puta!’. Eyaculo fuerte. Me derrumbo. No se ablanda. La volteo, levanto culo. Entra fácil. Follo lento, profundo. Saliendo todo, embisto. Sus caderas anchas, muslo duro. Trituro pezones. Corre otra vez. Yo también. Sudor. Corazón a mil. Piernas me sueltan.

La aproximación: nervios y deseo en la puerta

Nos quedamos jadeando. Se acurruca contra mí. Cuerpo grande, musculoso, como niña feliz. La acaricio. Muslos duros. Pezones responden al toque. Besos tiernos. ‘¿Qué pasó con Marcel?’, pregunto. ‘Vino en calzoncillos. Apestaba. Intenté pajearlo, chuparlo. Nada. Se fue mosqueado’. Río. ‘Me trataste de puta’. ‘Bien hecho’. Teléfono vibra. Maïté. Descuelgo: ‘No es tu churri, soy Jean’. ‘¡¿Qué?!’. ‘La acabo de follar dos veces’. Marie intenta quitarlo. No dejo. ‘¡Me está mamando ahora!’. Maïté gime. Marie monta, cabalga. Describo su cuerpo a la amiga. Suspiros suben. Ambas corren juntas. Alta voz: ‘¡Cabrón! ¡Me encanta!’. Cuelgo. Besos. No corro. ‘Guardo para mañana’. Nos unimos camas. Dormimos enlazados. Algo cambió. Inocencia rota. Mundo nuevo abierto. Nervios se fueron. Solo placer queda. Esta lesbiana me mostró caminos salvajes. Corazón aún late recordándolo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *