Abro un ojo. Luego medio. Lo cierro todo. Calor sofocante. ¿Por qué siento que duermo en un charco? Más de 35 grados en la habitación. He sudado un litro. Palpo los sábanas húmedas. Pegajosas. Bajo mis nalgas, una mancha viscosa. Recuerdo el sueño erótico. Eyaculé en la noche. Me desperté un segundo, preocupado por los sueños sucios, pero volví a dormirme. Pensaba que eso era cosa de adolescentes. Debo seguir siéndolo.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Abro los ojos del todo. A mi izquierda, ella duerme. Desnuda. De espaldas. Dios, qué belleza. Más que en el sueño. Me giro despacio. ¡Qué culo! Durante su strip-tease no lo vi así. No es grande, sin celulitis. Un culo de verdad. Satinado. Quiero tocarlo. Se mueve. Gime. ¿Duerme o sueña?

La Aproximación: Tensión y Deseo Incontrolable

Me incorporo con cuidado. El sudor me pega al colchón. Olvido el malestar. Su mano derecha en cuña sobre su sexo. El dedo se agita. Quiero entrar en su mente. Me acerco más. No la toco aún. Huelo su piel a tres centímetros. Jabón español, Heno de Pravia. Cierro los ojos. La imagino bajo la ducha, jabón verde oscuro, agua resbalando, espuma blanca, pelo mojado.

El calor amplifica el olor. Nariz en su culo, en su coño. Mouille. Abundante. El roce sutil de su dedo rompe el silencio. Mi polla duele, atrapada, dura como madera. Demasiado cerca. Mi pelo, mi mano, mi sexo me delatan. Su mano sale de su humedad. Se posa en mi cabeza.

Me pilla. Gira la cara. “¿Estás despierto?” “Sí”, digo, posando mi mano en su nalga derecha. Temblor. Satinada. “¿Te desperté?” “No, velaba. ¿Hace cuánto?” Un poco de miedo en su voz. “¿Tú qué crees?”, acaricio su culo. Ella acepta. Mi mano explora más.

“Te miré al salir de la ducha. Sudabas, brillabas, tu polla enorme. Soñabas.” “Tu strip-tease fue letal. Tu tanga… su olor enloquecedor.” “¿Tanto?” Ríe. Se gira. Su mano en mi polla. “Me gusta tu cumplido.” La acaricia. Curva, sensible. Dedo mágico.

“¿El calor?” “Ahora no. Huelo tu cuerpo, mejor con calor.” “¿No apesta?” Ironía. “¡Nunca!” Beso en la frente. Labios carnosos. Tiritón. “¡Piel de gallina!” Dedo en mi pezón. Duro. Toco el suyo. Ya tieso como flecha. Reímos.

El Instante y la Huella: Placer Brutal y Revelación

“¿Nos gustaremos, Laura?” “Dime tu nombre.” “Simon. ¿No te lo dije?” “No. Sí nos gustaremos.” Agarra mi polla. Explora. “No soy normal.” Sus dedos van y vienen. Lento. Lascivo.

“Yo tampoco. Norma: gustos estándar, moral estándar, sexo vainilla, tabúes, frustraciones.” Me pajea. “¿Y tú?” Pienso en Dalí. Funámbulo en el alambre. Lado loco, lado seguro. “Yo en el alambre. Ayer con una negra increíble. Hoy tu strip-tease, lo mejor. Ahora mi dedo en tu coño húmedo. Quiero follarte. En el ascensor, mi pie en el de Javier… lo deseé más que a ti entonces. Eso es mi vida. Caí mucho joven. Dolor. Pero subo. Acepto ser funámbulo.”

Silencio. Su mano no para. Mi dedo en su clítoris. Ella ríe. “Algo gracioso. En el ascensor, mi pie en el otro de Javier.” Risas. Se levanta. Corazón latiendo fuerte. No hay vuelta atrás. Nervios en el estómago. Deseo quema. Mi primera vez real. Con ella. En este calor.

Se tumba sobre mí. Polla contra su coño. Mojado. Desliza. Entra. Lento. Aprieta. Gemido gutural. Ritmo. Sudor mezclado. Olor a sexo. Gritos ahogados. Clímax brutal. Eyaculo dentro. Ella tiembla. Orgasmo la sacude.

Después, vacío dulce. Sudados, pegados. Inocencia rota. Mundo nuevo. Adulto. Libre. Su cabeza en mi pecho. Risas suaves. Huella eterna. Funámbulo para siempre.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *