Estábamos en el asiento trasero de su viejo coche, aparcado en un rincón oscuro de la playa. La noche olía a sal y a deseo contenido. Ella, mi primera novia seria, con dieciocho años como yo. Yo sudaba. El corazón me latía en las sienes. ¿Y si no me gustaba? ¿Y si ella se reía? Sus ojos brillaban en la penumbra. ‘Hazlo’, susurró. Mi polla ya dura, pero era el miedo lo que me atenazaba. La inocencia se resquebrajaba. No había marcha atrás. Sus piernas se abrieron despacio. El aire se cargó de electricidad. Me acerqué. Olía a ella. A mar y a mujer. Tragué saliva. Las manos me temblaban al subir su falda. Sus bragas, húmedas ya. Las bajé con torpeza. Mi aliento caliente contra su piel. Ella suspiró. Yo cerré los ojos. El deseo ganó a la duda.

Mis labios rozaron primero sus labios rosados. Su coño, hinchado, invitador. La lengua se me disparó. Nerviosa, afiebrada. Lamí despacio. Sabor nuevo. Dulce, salado. Ella gimió. Mi corazón tronaba. Lamí más fuerte. Entre los pliegues. El clítoris, duro como una perla. Lo chupé. Ella se arqueó. ‘Sí, así’. Mi lengua danzaba loca. Su placer despegaba. Yo bebía. Cada gota. Sus manos me agarraron el pelo. Me aprisionó contra ella. No podía parar. Sus muslos me envolvieron como un torno. Lamí el orificio. Frenético. Hambriento. Ella explotó. Chorros calientes. La bebí toda. Su orgasmo me inundó. Me quedé pegado. Hasta el último espasmo. Temblaba yo también. Extasiado.

La aproximación temblorosa

Portado por la euforia, crucé el Rubicón. Dejé su frambuesa en su dulce capullo. Bajé más. Al volcán. Besé el cráter. Su ano, arrugado, prohibido. Lo lamí. Sabor salado. Intensó. Perfume de lo vedado. Mi lengua mojada exploraba. Lo adoraba. Ella jadeaba. ‘Me encanta’. Lamí el culo, chérie. Profundo. Circular. Ella se dejó ir de nuevo. Otro orgasme la sacudió. Yo feliz en su presa.

Después, el silencio. Sudados, pegados en el asiento trasero. Mi inocencia hecha añicos. Ya no era el chico virgen de fantasías. Había probado el fruto real. Su sabor me perseguía. Salado, dulce, prohibido. Ella me besó. ‘Fue perfecto’. Yo sonreí, pero dentro bullía. El mundo había cambiado. Esa noche en la playa, crucé a la adultez. Nervioso aún, pero adicto. Su coño y su culo, grabados en mi lengua para siempre. La primera vez. Inolvidable. Viscera. mía.

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