Llegué al bar de billar pasadas las seis, el tráfico infernal por la manifestación. Mi colega se había ido. Me senté en la barra, pedí un porto caliente. Jeff, el portero negro, alto y fornido, me lo ofreció gratis. Sus labios gruesos sonreían. Charla fácil. Stéphane llegó, bromeamos. Otro porto, nos fuimos al lounge del fondo. Jazz suave. Se sentó cerca, rodillas rozando. Calor subía por mis medias finas. Corazón latiendo fuerte. Nervios mezclados con ganas. Sus pies tocaron los míos. Dudé, pero no me aparté. Invitación a su casa por un porto viejo. ‘Es una ocasión especial’, dijo con guiño. Caminamos calles cortas. Sus cumplidos me derretían. Subimos al tercer piso. Apartamento acogedor, vista al mar. Música romántica. Nos acurrucamos en el sofá mullido. Pies entrelazados. Su planta subió por mi pantorrilla, rodilla, muslo. Abrí las piernas un poco. Mi coño palpitaba bajo las medias. Sabía que no había marcha atrás. Quería que me tomara.
Sus ojos brillaban a la luz de las velas. Tomó mi tobillo, se arrodilló entre mis piernas. Boca en mi cuello, suave pese a su tamaño. Besos lentos, lengua rozando labios. Me hacía languidecer. Manos en su espalda, culo duro. Sentí su polla hinchándose contra mi muslo. Gruñí bajito. Quitó mi suéter, sujetador. Pechos hinchados, pezones duros. Los rodeó con dedos, pellizcó. Gemí. Su boca en ellos, succionando. Mano bajó a mi coño empapado. Dedo en mi clítoris, círculos. Orgasmo cerca ya. Su glande rozó mi entrada. Entró despacio, llenándome. Tan grueso, caliente. Vaivenes lentos. Corriente eléctrica por mi espina. Vi su polla entrar y salir, mi jugo brillando. Explosión. Primer orgasmo vaginal. Grité, cuerpo temblando. Él aceleró, eyaculó sobre mi vientre. Calor pegajoso.
La Aproximación: Tensión en el Lounge
Después, su dedo en mi clítoris, lengua lamiendo mi coño. Convulsiones, otro clímax brutal. Me levantó, empaló en su polla dura otra vez. Al borde de la cama, de rodillas. Me penetró por detrás, testículos golpeando. Me giré, tragué su polla, masturbé. Semen dulce en mi boca, chorreando barbilla. Exhaustos, nos miramos. ‘Nunca había tenido orgasmo vaginal’, confesé. ‘Eres fresca, caliente. Honra ser el primero’. Desde esa noche, nos vemos. Descubrió mi cuerpo, el suyo. Fin de mi inocencia. Mundo nuevo abierto. Latidos aún resuenan.