Sentada en el sillón raído de la salita que hacía de oficina y vestuario, el corazón me latía desbocado. Tenía veintidós años, rubia con rizos, falda corta azul ceñida a mis muslos finos, blusa de lunares. Annette, la prof de gym, menuda y bien formada, se posaba en el borde del escritorio, peinador entreabierto dejando ver su monte púbico espeso. Brigitte, alta rubia desinhibida, balanceaba la pierna desnuda, su coño a la vista mientras se rascaba distraídamente. Sudor en mi nuca. ¿Qué hacía allí? Mi amiga me había dicho: “Ven a las 15h, verás”. Ahora, firmaba el papel de secreto eterno, mi brazo rozando el muslo cálido de Annette. Temblor en las manos. Sus tetas cerca de mi cara al inclinarse. Olor a mujer, a piel limpia. Brigitte se estiraba, culo alto, músculos tensos. Mis ojos clavados. Calor subiendo por mi vientre. No podía irme. La curiosidad quemaba. Annette explicaba las reglas: desnudez total, nada de vergüenza, aceptar todo del cuerpo. Mi boca seca. Brigitte besaba el cuello de Annette, mano en su pubis. Dedo hundiéndose en labios húmedos. Gemido suave. Yo, roja, piernas cruzadas apretando mi humedad creciente. “Ven a ver la sala”, dijo Annette quitándose el peinador. Desnuda, culo redondo, pelo largo en la raja. Puerta en mano. No hay vuelta atrás. El pulso en las sienes. Empujón gentil. Entro.

La sala rectangular, sol filtrándose por la verrière, calor pegajoso. Chicas desnudas por todas partes. Brigitte en el potro, coño frotándose en cuero mojado. Christine bajo la ducha, cabeza echada, manos abriendo su foufoune peluda, labios largos vibrando bajo el chorro horizontal. Agua salpicando tetas largas, pezones estirados. Liliane en sofá, piernas en tailleur, mineta soñolienta. Otras riendo, cuerpos diversos: pechos redondos, culos pesados, pubis rasurados o velludos. Miradas curiosas sobre mí, la vestida. “¡Entra, tutéanos!” Empujo. Besos en mejillas, pechos rozando mi blusa. Manos en mi cintura. “Bizutaje obligatorio”. Annette me quita la chaqueta. Falda cae. Bragas húmedas expuestas. Risas suaves. “Todo fuera”. Temblando, me desnudo. Aire en piel. Pezones duros. Coño lampiño, labios hinchados. Corazón a mil. Necesidad urgente: pis. Todas miran. “Hazlo, primera vez se celebra”. Voy a las duchas colectivas. Cuatro postes, evacuación central. Piernas abiertas sobre el desagüe. Chorrito tímido primero. Luego, chorro fuerte, caliente, salpicando muslos. Olor acre. Gemido mío, mezcla vergüenza y alivio. Manos en tetas ajenas animándome. Brigitte arrodillada, lengua lamiendo gotas de mi clítoris. Explosión. Dedos en mi coño virgen de toques ajenos. Cuerpo arqueado. Primera paja compartida, venida brutal, jugos chorreando. Culitos abiertos cerca, alguna cagando sin pudor, hotte zumbando. Toque en mi ano con ducha flexible. Sensación invasora, placer sucio.

La aproximación nerviosa

Después, tumbada en sofá, cuerpo flojo, sudor mezclado con orina y corrida. Risas, abrazos. Ya no inocente. Pieles pegadas, olores íntimos flotando: sudor, coños húmedos, pis fresco. Bebida compartida por mi primera meada. Manos explorando libremente. Mi ano palpado, dedos dentro suave. Aceptación total. Salí cambiada, piernas temblorosas, coño palpitante. Aquella tarde abrió horizontes. Fin de pudores falsos. Ahora, con cuarenta y cinco, sigo allí, Annette, guiando nuevas como yo fui. El temblor vuelve en recuerdos. Libertad visceral. Cuerpos honestos. Mi feminidad plena.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *