Al doblar un sendero hundido en la garriga provenzal, un camino que no lleva a ninguna parte, me quedo paralizado. Frente a mí, ella. Desnuda bajo el sol, al borde de la única fuente clara del lugar. Rubia, joven, piel dorada reluciendo con gotas de agua. No esperaba esto. Mi corazón late fuerte, un tambor en el pecho. Me escondo en los matorrales, a veinte pasos. Sus piernas abiertas, su sexo imberbe expuesto como un melocotón rosado con surco oscuro. Un pie juega en el agua. Respira serena, pechos pequeños con pezones puntiagudos y areolas grandes, morenas. El vientre plano bebe el calor. La miro, hipnotizado. Temo que me vea. Que cierre las piernas, se cubra. Pero no. Sigue inmóvil. ¿Me ha oído? El pulso me martillea las sienes. Sudor en la nuca. No puedo irme. Avanzo, rompo ramitas a propósito. Rodeo la poza. El pontón tambalea. Su voz rompe el aire, sin moverse, ojos cerrados: «¡Hola! ¿Paseando?».

«Hola…» Crac. Una tabla cede. Caigo a medias en el agua. Zapatillas empapadas, pantalón chorreando. Me agarro de las axilas a las planchas podridas. Río por lo ridículo, ella estalla en carcajadas. Se levanta, desnuda total. Sus pechos tiemblan, pezones endureciéndose. Monte de Venus abultado, grieta entre muslos. Se acerca, ríe sin pudor. Sus piernas cerca de mi cara. Piel satinada, poros visibles. Mi mirada sube, ansiosa. De pronto, se acuclilla. Abre su vulva con dedos. Rosa anaranjado, húmedo, clítoris erguido como orquídea. Gotea. «¿Querías ver? ¡Regálate!». Ondea caderas, frota clítoris. Líquido blanco brota. Baja más. «¡Prueba!». No tengo opción. Estiro cuello, lengua fuera. Lamo su entrada, pliegues contraídos. Sabor salado, almizclado. Gime, mueve cadera. Mi lengua explora clítoris, ano fruncido. Músculos tensos, dolor en cuello. Ella manda. Ahoga gemidos en gritos roncos. Me aplasta cara contra ella. Orgasmos la sacude. Me suelta, jadeante.

La Aproximación

Pluf. Salta al agua. Sus manos suben mis piernas, desabrochan. Pantalón baja, slip sigue. Mi polla dura, erecta por su dominio. Mano fresca la agarra, masturba lento. Boca caliente envuelve glande. Lengua lame base, bolas. Cabello roza muslos. Excitación ciega, sin verla. Primera vez así: invisible, sumiso. Acelera succión. Para al borde. Frotan nalgas contra mi verga. Se empala despacio. Muslos fuertes la hunden. Ritmo suyo, lento, torturante. Yo empujo, frustrado. Ella contrae, acelera. Gritos suyos resuenan. Exploto dentro, gruñendo. Suda, expulsada su polla.

Intento salir, peor. Hombros arañados, pies en fango. Ella sube al pontón, se viste sin bragas. «¡Ayúdame!» Nada. Se va, sandalias en mano, hombro encajado. Grito inútil. Deslizo al agua, pecho hundido. Media hora luchando barro, cortes, astillas. Salgo magullado, desnudo al sol. Escurro ropa hedionda. Me tumbo, solo. Dolor en todo, pero recuerdo su sabor, dominio. Mi inocencia rota. Primera vez real: no control, puro instinto. Corazón aún acelerado. Vuelvo a la fuente, buscando su sombra salvaje. Pero guardo el secreto. No para todos.

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