Ante el gran espejo del salón. El corazón me late como un tambor de guerra. Mathilde está ahí, al otro lado. Sus ojos ámbar me llaman. Sudor en las palmas. ¿Y si es una trampa? El aire pesa. Susurro su nombre. Ella posa la mano en el cristal. Frío. Mi aliento empaña todo. No hay vuelta atrás. El deseo quema más que el miedo. Acerco la mía. Tiembla. Nuestros dedos se alinean. Perfectos. Empujo. El vidrio cede, blando como gelatina. Brazo hasta el codo. Picor en la piel. Pulso a mil. Cierro los ojos. Respiro hondo. Me lanzo.

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Silencio. Líquido espeso me envuelve. Asfixia un segundo. Luego, aire húmedo, mohoso. Abro los ojos. Ella. En carne y hueso. Más bella. Cabello rojo fuego, piel pálida, labios carnosos. Vestida de blanco, corsé apretado. Lágrimas en sus ojos. ‘Gracias’, dice, voz ronca. Mi doble me patea el culo. ‘No sueñas’. La miro. Cuerpo menudo, pechos altos. Nervios me traicionan. ¿Qué hago? Extiendo la mano. Ella retrocede un paso. Sonrisa tímida. ‘Tócame’, murmura. Doy un paso. Manos chocan. Frías al principio. Luego, calor. Su piel suave. Electricidad sube por mi espina.

La Aproximación al Abismo

Nos miramos. Silencio cargado. Su aliento en mi cuello. Acerco la cara. Labios rozan. Primer beso. Torpe. Dientes chocan. Risas nerviosas. Manos bajan. Desabrocho su corsé. Lentamente. Pechos libres. Pequeños, rosados. Pezones duros. Los beso. Ella gime. Bajo temblando. Falda cae. Piernas largas, muslos firmes. Vientre plano, nido rojo. Mi polla duele de dura. La empujo suave al sofá raído. Me arrodillo. Lengua en su sexo. Húmeda, salada. Ella arquea la espalda. ‘¡Sí!’. Dedos en mi pelo. Pierdo el control.

El Contacto que lo Cambió Todo

La tumbo. Me quito la ropa. Desnudos. Mi verga contra su entrada. Late. Empujo. Lento. Aprieta. Virgen en alma. Dolor y placer. Grita. Uñas en mi espalda. Ritmo crece. Sudor. Resbalones. Malabares primerizos. Profundo. Sus ojos ámbar fijos en mí. ‘Más’. Bombeo fuerte. Caderas chocan. Olor a sexo en el aire podrido. Explosión. Corro en ella. Tiembla. Orgasmo la sacude. Colapso encima. Corazones desbocados. Besos suaves ahora.

Después. Agotados. Ella en mis brazos. Piel pegajosa. Realidad cae. ¿Fantasma? ¿Sueño? Su cabeza en mi pecho. Susurro: ‘Me salvaste’. La casa cruje. Miedo vuelve. Pero algo cambió. Inocencia rota. No más niño. Hombre marcado por lo imposible. La beso la frente. ‘Volveré por ti’. Salgo del espejo. Mundo real gira. Su aroma en mí. Temblor en piernas. Fin de la niñez. Inicio de algo salvaje. Ahora, cada espejo es promesa. Y terror delicioso.

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