El pueblo bullía con la fiesta de fin de verano. La plaza central, bajo la sombra de los árboles, albergaba atracciones y stands. El crepúsculo caía lento. Todos deambulaban relajados, al son del blues de la orquesta. Mi corazón latía fuerte. Patricia y yo nos acercamos al grupo de espectadores. Nos colamos cerca, cuerpos pegados. Sus curvas rozaban las mías con el ritmo. Nervios me subían por la espina. Era la primera vez que sentía esa electricidad rara.
De pronto, Patricia aprieta mi mano. Sonríe pícaramente, ojos fijos en el escenario. Giro la cabeza. Detrás de ella, un hombre guapo, muy cerca. La penumbra y la multitud lo difuminan todo. Me pego a su oreja. ‘El tipo de atrás quiere ver mejor’, susurra ella. ‘Me está manoseando para apartarme’. Mi pulso se acelera. Miedo y morbo se mezclan. ¿Dejarla? ¿Pararlo? No. Algo en mí dice que no hay vuelta atrás. Me aparto un poco. Veo sus manos en las caderas de ella, sobre la falda ligera. Deslizan círculos hacia sus nalgas redondas. Ella arquea la espalda. Lo invita. Él pasa las manos por delante, bajo la blusa. Sus pechos libres, sin sujetador. Los aprieta. Ella restriega el culo contra su paquete. Mi respiración se entrecorta. Corazón golpeando. Primera vez viendo esto. Excitación pura.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Él muerde su cuello, lame orejas, pellizca pezones. Patricia baja las manos atrás, masajea la erección. Me mira, lame labios. ‘Está duro’, dice con la mirada. Brazos moviéndose. Él jadea. Se separan un poco. Él le susurra algo. Ella asiente. Se van hacia las arcadas, al pasaje oscuro. Yo los sigo, a distancia. Corazón desbocado. Sudor frío. ¿Qué pasará? No puedo parar.
Bajo las frondas, él la besa. Lenguas enredadas. Ella empuja cadera contra él. Manos en su cinturón. Baja la cremallera. Polla tiesa sale. Ella la agarra. Se arrodilla. Lengüetazo al glande. Chupa huevos, traga profundo. Él gime, manos en su pelo. Mi polla palpita en los pantalones. Primera visión tan cruda. Temblores en las piernas.
El instante: explosión de sensaciones prohibidas
Se pone preservativo. Ella contra el muro, pie en la piedra. Pierna alzada. Coño abierto. Él entra de un golpe. Lentos, profundos. Ella gime, me mira. Ruedos de cadera. Clapotis húmedos. Cambian. Ella en cuatro, manos en piedra. Culito ofrecido. Él la embiste fuerte. Ella tiembla, gruñe. Él se corre sobre sus nalgas. Ella esparce el semen, satisfecha.
Se besan. Él se va. La alcanzo. ‘¿Te gustó?’, digo. ‘Mucho. Aún lo quiero’. Me besa, saca mi polla. Se empala. Húmeda, resbaladiza. Me corro dentro. Manos en su semen ajeno.
Esa noche cambió todo. Mi inocencia monogámica se rompió. Ahora, el morbo es adictivo. Corazón aún late al recordarlo. Puertas abiertas para siempre.