Era más de las dos de la mañana. Entré en casa. El corazón me latía fuerte. Ella me esperaba en el salón, con un libro en las manos. Me miró. Sonrió. Nervios en el estómago. Me serví un güisqui. Hablamos largo rato. De Bukowski. De por qué escriben los autores. De la polémica en el sitio literario donde publicábamos. La observé intenso. Esto era la felicidad. La vida soñada. A su lado. Aunque los Otros me hubieran exiliado a estas tierras bárbaras. No importaba. Mientras ella estuviera.
Nos metimos en la cama. El dormitorio olía a ella. A su piel. Mi pulso acelerado. Ella empezó a acariciarme el entrepierna. Dudé. Cansancio del día. Pero el deseo crecía. Mi polla inerte al principio. Temblaba. Primera vez que ella hacía esto. Inocencia a punto de romperse. Sus dedos suaves. Nerviosos como los míos. Me miró a los ojos. ‘Déjame’, susurró. El aire espeso. No había marcha atrás. El miedo se mezclaba al fuego en las venas. Batía el corazón en los oídos. Su mano apretó. Calor subiendo.
La Aproximación: Temblor y Deseo
Tomó mi polla entera en la boca. Primera vez. Explosión. Húmeda. Caliente. Su lengua rodeando. Lentamente. Yo jadeaba. Manos en su pelo. Temblor en las piernas. Sensación nueva. Cruda. Viscosa. Su saliva bajando. Chupaba suave. Luego fuerte. Mi inocencia se quebraba. Cada roce un rayo. El cuerpo tenso. Sudor frío. Excitación pura. No sabía qué esperar. Ella gemía bajito. Vibraciones en mi carne. Corazón desbocado. Piernas abiertas. Primera vez entregándome así. Nervios en pico. Placer desconocido. Quería parar. Quería más. Su boca subía y bajaba. Ritmo nervioso. Maladroite al inicio. Luego segura. Mi polla hinchándose. Dura. Listo para estallar.
El Instante y la Huella: Ruptura de la Inocencia
Pero el cansancio ganó. Me dormí de golpe. Vencido. Ella soltó. Me arropó. Primera vez incompleta. Pero marcada. Dormí profundo. Solo con ella duermo. Sin pesadillas. Aquellas tierras bárbaras me atormentan. Sueños repetidos. Sudor. Lágrimas. La ciudad cambiada. Pavillones derruidos. Residencias de lujo. Centros comerciales. Coches infinitos. Ruido eterno. Drogas al lado del commissariat. Policías cazando multas. Mundo loco. Trabajo absurdo. Sonreír a los furiosos. Calmar cuckolds. Psy de la empresa culpándome. Televisión vomitiva. Política ciega. Pobreza ignorada. Orwell real.
Desperté. La miré dormir. Piel suave. Pechos desbordando la camisola. Quise tocarla. Me contuve. Me levanté sigiloso. Pantalón. Camisa. Cocina. Café. Mails. Ruido de la calle. Angustia intestinal. Puerta de la habitación. Pasos suaves. Apareció. Gafas torcidas. Pelo revuelto. Se acercó. Se acurrucó contra mí. Su piel bálsamo. Olor embriagador. Besé su cuello. Largo. Profundo. Corazón latiendo de nuevo. Aquella primera boca suya. Huella eterna. Felicidad real. Inocencia ida. Mundo bárbaro afuera. Pero aquí, con ella, nuevo horizonte. Danza mi corazón. Abrázame fuerte. Como en el Titanic. Música aún sonando.