Camino despacio hacia su furgón. El corazón me martillea el pecho. Sudor frío en la nuca. ¿Qué coño hago aquí? Meses deseándolo en secreto, masturbándome con su imagen. Ahora es real. Él espera fuera, fumando. Nuestros ojos se cruzan. Sonrío nerviosa, las piernas flaquean. Subo al asiento delantero primero. Hablamos. Su voz grave me eriza la piel. Huelo su colonia mezclada con sudor de trabajo. Mi coño palpita ya, húmedo, ansioso. No hay vuelta atrás. Lo sé. Cambio al asiento trasero. ‘Ven’, le digo con voz ronca. Él obedece. Cierro los ojos un segundo. Miedo y excitación chocan en mi vientre.

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Sus manos rozan mis muslos. Tiemblo. Beso su cuello primero, torpe, ansiosa. Él me agarra la nuca, me besa con hambre. Lenguas enredadas, saliva caliente. Le bajo el pantalón. Su polla salta dura, venosa. Dios, es perfecta. La agarro, palpito en mi palma. La chupo. Lengua alrededor del glande, saboreo su precum salado. Gime bajo. Sus dedos en mi pelo, empujando. Me ahogo un poco, malhablada por los nervios. Pero sigo, voraz. Él me quita la blusa. Pezones duros como piedras. Los muerde, succiona. Arqueo la espalda. ‘Fóllame ya’, suplico.

La Aproximación: Temblor y Rendición

Me empuja contra el asiento. Pantalones abajo, bragas arrancadas. Su polla roza mi entrada. Empuja. Lleno. Duele un segundo, luego placer puro. Golpes fuertes, el furgón tiembla. Sudor gotea. Mis uñas en su espalda. ‘Más fuerte, Emmanuel’. Bestial. Me voltea, a cuatro patas. Entra de nuevo, profundo. Sus manos en mis caderas, cachetazo en el culo. Grito. Latidos en mi clítoris. Me corro primero, espasmos violentos. Él sigue, gruñendo. Cambio posición. Me monto encima. Empalada en su polla. Rebotando, pechos saltando. Sus manos los aprietan. Otro orgasmo me arrasa. Él explota dentro, semen caliente chorreando.

Silencio pesado después. Olor a sexo crudo impregna el aire. Moja entre mis muslos, pegajosa. Me visto temblando. Él fuma de nuevo, distante. Sonreímos incómodos. ‘Ha sido increíble’, digo. Bajo del furgón. Piernas débiles, coño dolorido pero satisfecho. Camino a casa, el corazón aún acelerado. No hay inocencia ya. Ese deseo reprimido explotó. Soy otra. Libre, viciosa. Pero lo quiero más. Su polla grabada en mí. La rutina vuelve, pero ahora llevo su marca. Cada mirada en el trabajo quema. No hay arrepentimiento. Solo hambre nueva. Emmanuel me abrió un abismo. Y salto voluntaria.

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