Llego a las embarcaciones con el plan maduro en la cabeza. Me pongo el bañador, cojo sus cosas y echo mi kayak al agua. Ellas aparecen, radiantes, y les muestro sus ropas mientras me alejo remando.

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—Mis encantadoras damas, me habéis humillado sin motivo. Os toca pagar: navegaréis desnudas por este río textil hasta la playa. Penitencia.

La aproximación: el corazón acelerado antes del salto

Saco fotos de su estupor. Pageteo fuerte, firme. Véronique grita:

—No puedes, es injusto. Debes proteger nuestra pudor, no exponerlo.

—El kayak os cubre. Si vais con cuidado, solo nosotros sabremos que sois unas pillas. Subid, hemos perdido tiempo.

Me alejo más. No pueden quejarse sin atraer miradas. Se resignan. Desnudas, suben al canoe. Hago otra foto. Corazones latiendo fuerte, el mío también. Primera vez así, expuestas, vulnerables. Nervios me suben por la piel, excitación del prohibido punza el estómago.

Remamos río arriba. Al principio, refunfuñan. Pero el canoe las protege, se relajan. Bromean entre ellas, risas nerviosas. Sol calienta sus cuerpos, bronce perfecto. Mi polla se tensa bajo el bañador, imaginando ojos ajenos.

Cruzamos familias, grupos. Se apartan, pero su desnudez asoma fugaz. Rubor en mejillas, pezones duros por el viento fresco. Yo las miro de reojo, pulso acelerado. ¿Y si alguien ve todo? El miedo mezcla con morbo, sube la adrenalina.

Llegamos al final navegable. Desembarcamos en paraíso desierto. Siguen en cueros, yo guardo sus bragas. Posan para fotos, desinhibidas. Caminan libres, tetas bamboleando, culos firmes. Primera vez sin pudor, inocencia rota. Mi aliento se entrecorta viéndolas así, tan cerca del límite.

Véronique finge preocupación:

—¿Sigue la penitencia? ¿No nos devuelves las bragas?

—Pronto, en la próxima pausa.

—Lástima —dice maliciosa.

Bajamos con corriente, rápidas. Pasamos playas sin pedir ropa. Se sienten a gusto, piel besada por sol y agua salpicada.

De lejos, grupo de jóvenes alemanes. Valy se congela:

El instante: piel contra agua, miradas y el abismo del deseo

—Mierda, son los del cañón. Mañana repito con ellos. No quiero que me vean desnuda.

Siflan al ver tetas. Valy paniquea, se pega a mí. Les paso maillots discretamente, pero imposible ponérselos sin parar. Acercan dos, en broken english:

—Miss, hello! Forgot something?

Valy calla, aterrorizada. Remolinos a estribor, única salida.

—Id por ahí, rápido —digo—. Yo distraigo.

Viran, pagan fuerte. Yo voy al grupo, grito en francés. Ellas entran en rápidos. Valy volcada por ola, Véro la sigue. Caen al agua, desnudas total. Alemanes ríen. Distancia las salva un poco. Suben, culos al aire, fugaces.

Uno saca cámara. Me lanzo:

—What the hell! Stop!

Me rebela, forcejeo. Le quito cámara, él cae al agua. Caos. Günter interviene. Yo explico, me disculpo. Huyo remando.

Reunión en playa desierta. Se visten mudas. Valy preocupada por curro. Yo prometo arreglarlo.

Noche, voy al camping solo. Pago cámara, pacto silencio. Günter cae rendido ante halagos y Véro. Todo arreglado.

Tocamos a Valy. Abre, ojos rojos. Abrazos, lágrimas. Alivio la invade. Nos une más. Primera vez compartiendo tal intimidad, piel expuesta al mundo. Inocencia ida, lazo forjado en nervios y piel.

Cena planeada, risas vuelven. Corazones calmados, pero marca queda: descubrimos placer en lo prohibido, juntos.

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