En el sillón frente a la pantalla, desnuda por completo. El calor del apartamento me envuelve. Corazón latiendo fuerte. Esperando la llamada de Skype. Alain está lejos, pero esta noche todo será diferente. Nunca antes me había mostrado así, totalmente expuesta. Las piernas tiemblan un poco. El sexo aún húmedo de la masturbación anterior, pensando en el estudiante del café. Sus ojos discretos en mis muslos. Me acomodo, subo los pies a los reposabrazos. Cuero fresco contra la piel caliente.
La sonería suena. Pantalla se ilumina. Su rostro sonriente. ‘¡Qué sorpresa hermosa!’ Digo, ruborizada: ‘Haz lo mismo, estaremos igual’. Él no duda. Se quita la camisa despacio. Pantalones. Calzoncillos. Su polla ya tiesa, larga y fina, glande hinchado. No hablamos. Solo miradas. Mi mano derecha baja al sexo liso. Labios oscuros, pigmentados, ya abiertos. Clítoris largo, erecto como una perla.
La Aproximación
Miedo y deseo se mezclan. ¿Y si alguien entra? ¿Y si él juzga mis curvas? Caderas anchas, culo grande, pechos pequeños con pezones frambuesa, duros. Pero no hay marcha atrás. El corazón martillea en el pecho. Sudor en la nuca. Excito del desconocido: esta intimidad cruda, a distancia. Sus ojos devoran mi coño expuesto. Yo, el suyo.
Él agarra su verga. Mano sube y baja lenta. Yo abro más las piernas. Dedos planos sobre el monte, presionando. Clítoris palpita. Tiro de los labios menores, largos, colgantes. Sensación eléctrica sube por la espalda. Jadeos cortos. Sus ojos fijos en mi entrada vaginal, brillante de jugos. Mi pulgar en el clítoris, frotando círculos. Piernas tiemblan. Batir del pulso en las sienes.
El Instante y la Huella
Primer contacto visual total. Su mano acelera. Pulgar en el glande liso. Yo pincho pezones, fuerte. Dolor placer. Gimo bajo. El aire espeso, olor a sexo solo mío. Imágenes del estudiante invaden: su semen joven, líquido, llenándome. Pero es Alain. Su polla palpita en pantalla. Mi coño se contrae. Orgasmo sube como ola. No resisto.
Explosión. Cuerpo sacude. Pies arqueados. Chorros de placer sacuden pies a cabeza. Veo su leche espesa, blanca, salpicar en giclées largas. Olor imaginado, denso. Sonreímos. ‘No digas nada. Hasta mañana’. Pantalla negra. Piernas entumecidas bajan. Apaciguada, pero cambiada. Inocencia rota: primera vez tan expuesta, tan cruda. Ya no soy la misma.
Al día siguiente, sueño profundo. Teléfono suena de noche, ignoro. Mañana, mensaje de Sonia. Invitación al sur. Libertad nueva late. Este acto abrió horizontes. Cuerpo asumido, curvas orgullosas. Pechos firmes, coño liso ansioso. El placer de lo prohibido, primera vez ante cámara, me transformó. Nervios dulces recordados. Corazón aún acelerado al pensarlo.