Llegué al aparcamiento de las Halles con el corazón latiendo a mil. Un poco antes de la hora. Las luces tenues parpadeaban, sombras en las columnas de hormigón. Mi Scénic se deslizó hasta un rincón oscuro. Apagué el motor. Sudor en las palmas. ¿Y si no venía? ¿Y si era un loco? Pero el deseo ardía entre mis piernas. Nervios y ganas revueltas. Me quité las bragas, como acordado. Tela empapada ya, solo de imaginarlo. Las enrollé en el bolso. Bajé del coche, piernas flojas. El aire frío me erizó la piel bajo la falda corta. Caminé hacia su punto. Faros parpadearon. Era él. Más viejo de lo prometido, cincuenta y pico bien pasados. Pero alto, imponente. Sonreí nerviosa. No había vuelta atrás. El pulso retumbaba en mis oídos.

Me metí en su coche, asiento del copiloto. Olía a tabaco y hombre. Pantaloneado, polla en mano ya. Enorme. Gruesa, venosa, el glande hinchado como un puño. Tragué saliva. Mi mano tembló al tomarla. Caliente, pulsante. Latía contra mi palma. Él no dijo nada. Solo miró, ojos hambrientos. Nervios me traicionaban: dedos torpes al principio, subiendo y bajando sin ritmo. Él gruñó. Aceleré. Piel suave sobre el acero duro. Mi coño chorreaba, notaba el vacío. Primera vez tocando otro. Mi marido en casa, esperando. Excitación culpable me aceleraba el corazón. ‘Chúpamela’, ordenó ronco. Boca abierta al máximo. Glande gigante rozó mis labios. Sabor salado, nuevo. Lengua torpe al inicio, lamiendo el prepucio. Maladroite, sí, pero el tamaño me llenaba la boca entera. Tosqué un poco, saliva goteando. Él puso mano en mi nuca. Empujó suave. Miedo: ¿me ahogaría? Pero cedí. Cabeza subiendo bajando, mejillas tensas. Ritmo creciente. Mi clítoris palpitaba solo. Primera felación real a un monstruo así. Sensaciones brutas: plenitud en la garganta, arcadas placenteras, olor a sexo crudo.

La Aproximación: Temblores Antes del Salto

Jadeaba él. Agarró fuerte. ‘¡Traga!’. Chorros calientes, espesos. Intenté escupir, pero me sujetó. Furia en sus ojos. tragué lo que pude, amargo, viscoso bajando por la garganta. Algo quedó en comisuras. Recogió con dedo, me lo metió en boca. Obedecí, lambiendo. Salí tambaleante a mi coche. Él arrancó rápido. Sola, piernas temblando. Manos a la falda. Dedos en mi coño abierto, empapado. Clítoris hinchado. Me corrí en segundos, brutal, arqueándome en el asiento. Gritos ahogados. Lágrimas de placer y culpa.

Subí a casa, exhausta. Marido en la cama, polla tiesa esperándome. Beso con restos de semen. Él lo saboreó, excitado. Le conté todo mientras me metía dedos. Su toque avivó rescoldos. Otra corrida, gritando ‘¡Sí!’. Eyaculó en mi blusa. Esa noche rompí algo dentro. Inocencia ida. Nuevo mundo abierto: placer prohibido, pollas ajenas, sumisión dulce. Nervios de la primera vez aún me erizan. Aquel parking, oscuro testigo de mi despertar. Ahora anhelo la suite. Mañana, más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *