Los aposentos de la condesa. El corazón me late como un tambor de guerra. Acabo de salvar al conde del jabalí. Él me envía aquí, solo con ella. Las sirvientas se retiran con una reverencia. La puerta se cierra. Silencio. Ella se acerca. Su mano roza mi mejilla. Suave, cálida. ‘No tienes ni un pelo en la barbilla. Eres un niño aún. Pero con coraje’. Mi piel arde. Bajo la mirada. Intimidado. Ella pregunta qué deseo como recompensa. Digo honor. Nada más. Pero ella sonríe. ‘¿Y el amor? Todas mis damas suspiran por ti’. Callo. El pulso se acelera. ‘Ninguna… salvo vos’. Lo suelto. Temblando. Sus ojos brillan. ‘Lo sabía. Mírame ahora’. De un hombro, la túnica cae. Desnuda. Perfecta. Senos firmes, caderas anchas, pubis liso como el mármol. Me besa. Labios dulces, urgentes. Me desnuda. Manos expertas. Mi polla salta, dura, traicionera. Me arrastra a la cama. El aire huele a ella. Jazmín y deseo. No hay vuelta atrás. El miedo se mezcla al fuego en mis venas.

Su cuerpo bajo el mío. Piel contra piel. Late. Mi corazón retumba en los oídos. Ella guía mi mano a su pecho. Pezones duros como guijarros. Gimo. Bajo. Su vientre plano. Luego, el calor húmedo entre sus muslos. Dedos torpes exploran. Ella jadea. ‘Sí, así’. Abre las piernas. Anchas. Invitadoras. Mi verga apunta. Tiembla. Ella la agarra. Firme. La roza contra su coño. Húmedo, resbaladizo. Empujo. Un golpe. Entra. Toda. Calor abrasador. Aprieta. Me envuelve. ¡Dios! Sensación nueva. Brutal. Muevo caderas. Maladroite al principio. Choques torpes. Ella ondula. Me enseña. Ritmo. Profundo. Sus uñas en mi espalda. Arañan. Duele. Excita. Sudor. Alientos entrecortados. Sus pechos rebotan. Los chupo. Salado. Ella gime. ‘Más fuerte’. Acelero. El picor en los riñones sube. Explosión. Semen chorrea dentro. Jadeo. Ella ríe. Suave. ‘Esto es solo el principio’. Me voltea. Boca en mi polla. Chupa. Recupero dureza. Entra en su culo. Estrecho. Doloroso. Placer inmenso. Grito. Ella cabalga. Noche entera. Boca, coño, ano. Manos. Tetas. Éxtasis repetido. Cansancio dulce.

La aproximación: nervios y deseo ardiente

Al alba. Me ordena irse. Beso tierno. Regreso a mi lecho. Cuerpo roto. Alma cambiada. Ya no soy el niño del monasterio soñado. La inocencia muere. Renace hombre. Latidos calmados. Recuerdo cada roce. Cada gemido. El honor ahora incluye esto. Amor cortés. Mi alma a Dios. Vida al rey. Corazón a mi dama. La condesa. Su ‘don de merci’. Caminaré erguido. Listo para batallas. Y placeres. El mundo abrió sus puertas. No hay vuelta atrás. Solo adelante. Con fuego en las venas.

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