Soné al interfono de Valérie a las 20:30. El corazón me latía fuerte. Sabía que su marido no estaba, pero el miedo me atenazaba. ¿Y si era solo el paraguas? Subí las escaleras del segundo piso. Golpeé suave, no quería despertar a los niños. La puerta se abrió. Ahí estaba ella. Solo una camisita blanca, cortísima. Mis piernas temblaron. Mi polla se endureció al instante en el pantalón. Me sonrió, grande, pícara. ‘Pasa’, dijo. Entré. El salón olía a ella. ‘Mi marido está en la casa de campo, trabajando’, murmuró. El pulso se aceleró. Me senté en el sofá. Acepté el café. La seguí con la mirada a la cocina. Ese culo. Redondo, firme. Maldito cuñado, pensé. Volvió y se sentó a mi lado. La camisita subió. Sus muslos al aire. Nada debajo. Mi verga palpitaba. Ella lo vio. Sonrió más. Se inclinó. Sus labios en los míos. Lenguas enredadas. Caliente. Mi mano en su muslo. Suave. Subí. Toqué su coño húmedo. Ya no había vuelta atrás. El deseo me quemaba. Nervios y excitación. Primera vez tocándola así. Mi fantasía viva.
La tumbé en el sofá. Abrí sus piernas despacio. Su coño depilado, mojado. Me puse entre ellas. Lamí su clítoris suave. Gimió fuerte. ‘Me encanta, sigue’. Palabras sucias. Chorros de jugo. Lo bebí todo. Su sabor salado, dulce. Me volvía loco. Primera vez probándola. Ella jadeaba, abría más las piernas. Orgasmo la sacudió. Temblaba. ‘Ahora yo’, dijo. Bajó mi cremallera. Sacó mi polla dura. La meneó. La metió en su boca. Chupaba fuerte, como mi mujer, pero mejor. Aspiraba. Cinco minutos y explotaba. ‘A cuatro patas’, ordené. ‘Sí’, respondió. Se puso. Abrí su coño. Empujé lento. Entró toda. Gritó. ‘¡Sigue, cabrón!’. La follé duro. Dedo en su culo. Se corrió como loca. Cyprine chorreando. Sentí venirme. ‘Sácamela’, pidió. Me la tragó. Chupó hasta la última gota. Limpió con lengua. Me subió el pantalón. ‘¿Te gustó?’, preguntó. La besé. Manos por su cuerpo. Seios firmes, culo perfecto.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Después, todo cambió. Me prometió más. Cuatro días después, repetimos. Ahora somos amantes. Excusas para vernos. En el coche, rápido. Ella me chupa, yo la lamo. Volvemos a casa. Esa noche llegué tarde al trabajo. Pero qué placer. Mi inocencia rota. Ya no miro igual a mi cuñado. Conozco el sabor de su mujer. Dulce, prohibido. Nervios que se volvieron adicción. Corazón acelerado cada vez. Esa primera vez me abrió horizontes. Maladroite al principio, torpe en el sofá. Pero el fuego prendió. Sabor a traición deliciosa. Ahora vivo por eso. El eco de sus gemidos. Su coño apretado. Mi semen en su boca. Fin de la inocencia. Inicio de algo salvaje.