Estaba en mi salita improvisada con palés, en una de las habitaciones de la casa que construía solo. Hacía un año de la ruptura. El corazón aún latía desbocado por recuerdos. Pero allí, ese viernes por la tarde, Manon apareció. Su falda burdeos ceñida, medias negras, blusa que insinuaba tetas enormes. El pulso se me aceleró. Limpié el polvo de mis manos, corazón en la garganta.
Hablamos de la cocina. Planes 3D, precios. Pero sus ojos claros tras las gafas me taladraban. Se inclinaba, botón tras botón saltaba de la blusa. Primero uno, luego otro. Vi el nacimiento de sus pechos. El calor subía. Ella se movía, falda remontándose en las piernas musculosas. El colgante se rasgó en la paleta. Se quitó las medias en el baño. Piernas desnudas, bronceadas. Regresó, otro botón menos. Decolleté profundo, sujetador azul asomando. Mi polla se endurecía bajo el pantalón. Nervios. ¿Era real? ¿Me la imaginaba?
La aproximación: espera y deseo ardiente
Firmé el presupuesto. ‘Tu regalo es… yo’, dijo fijándome. Desabotonó lo último. Blusa al suelo. Se acercó, labios carnosos en mi boca. Corazón martilleando. Sus manos en mi cabeza, lengua invadiendo. Me senté, ella a horcajadas. Falda arriba, culo perfecto en mis palmas. Firme, redondo. Subí, desabroché sujetador. Tetas obús, pezones duros. Chupé uno, mordí suave. Gemidos suyos. Nervios mezclados con fuego. Primera vez en meses, todo nuevo, crudo.
Ella se arrodilló. Pantalón abajo, boca en mi verga. Lengua enrollando, garganta profunda. Manos en huevos. Bombeaba. Sentí la subida, avisé. Aceleró. Eyaculé en su boca. Tragó todo, lamió limpia. Sabor a mí en su beso. Dedos en su coño empapado. Húmeda, caliente. La senté, lamí clítoris. Poquita pelusa, sabor salado dulce. Dedos dentro, ella gimiendo, manos en mi pelo. Explosó, jugos en mi cara. Piernas apretándome.
El instante: contacto brutal y sensaciones nuevas
En la ducha, tetas contra mi espalda. Agua corriendo. Ella en rodillas, verga entre pechos. Lengua en glande. Capote puesto. ‘Rómpeme’, susurró. La embestí en perrito contra la pared. Gritó al fondo. Pilonazos fuertes, dedo en clítoris. Se corrió temblando, aullando. Luego cabalgó, tetas botando. Eyaculé en sus tetas. Agotados, besos, ropa esparcida.
Después, sonrisa suya. ‘¿Te gustó el regalo?’. Manon. Corazón calmado, pero cambiado. Esa tarde, en mi obra solitaria, rompí el hielo post-ruptura. Ya no era el tipo herido. Algo se abrió. Horizonte nuevo, intenso. Nos vemos aún. Cada vez, fuego renovado.