Era un día de mierda en la oficina. Las 10:00, pausa para el café. De vuelta, desvío a los servicios. Me miro en el espejo. Joder, qué guapo. Saco la polla y… ¡clic! La puerta abierta. ¡Idiota, olvidé el pestillo! Carole, la del despacho de enfrente, con la manilla en la mano, me mira boquiabierta. Dos segundos de vergüenza absoluta. Cierra y se ríe bajito al irse. Cierro el pestillo. Meo tranquilo, pero ideas sucias me invaden. Me imagino pillándola a ella. Sacudo la cabeza. Vuelvo al curro raspando paredes, evitando su mirada. La polla me pincha a ratos.

Mediodía. Ascensor al sótano. Puertas cerrándose, su voz: “¡Para!”. Entra sonriendo. Rojo como un tomate, miro al suelo. “Estás bien dotado, ¿eh?”. ¿Qué? Tardé en pillarlo. “No la sacáis del todo para mear, con la ropa… vi lo justo”. Mi verga se endurece ya. Sótano. Se acerca, mano en mi paquete. Paralizado. Puertas abiertas, sale: “¡Tenía razón!”. Solo en el ascensor, como un zombie. Como en la sala del personal. Tarde normal, pero flashes cochinos. Paso por su despacho: en una silla, falda corta arriba del armario. Me agacho. Culazo en tanga burdeos. Me piro sin ruido.

La Aproximación: Tensión y deseo contenido

17:45. Jefe: dossier urgente, con Carole. Quedamos solos. Ella teclea, yo al lado. Allusiones sutiles: “Te gusta el rojo”. No pilla. “Te vi esta tarde”. Se sonroja. Mi polla crece. Ella mira mi bragueta. Informe listo, grapas arriba del armario. Busco, no hay. Ella sube, levanto falda. “¡No te cortes!”. Agitada. En la grapadora, se sube al escritorio, tanga a la vista. Tiemblo. Vuelta al PC. “Enséñame el Buscaminas”. Explico como un tonto. Se sienta a horcajadas. Corazón a mil. Sus caderas se mueven. Manos en muslos. Ella toca mi polla. Beso profundo. Manos en su culo mojado.

El Instante: Explosión de placer crudo

Se sube al escritorio, quita tanga. Coño rasurado, chorreando. Boca en él. Clítoris, lengua adentro. Gime, ondula. Dedo dentro, luego dos. Abre piernas: quiere polla. Bajo pantalón. Ella de rodillas, me la traga. Lengua en glande, labios perfectos. Dura como toro. “Fóllame ya”. Se tumba, labios abiertos. Empujo lento. Dentro, vaivenes. La agarro piernas. Gruñe con mi pulgar en clítoris. Orgasmo brutal, se retuerce. Sigo, pero para: “No aguanto más”. Me retiro. Ella: “Primera vez así. Ahora yo”. Me mama suave, me la menea. “¡Voy a correrme!”. Abre boca. Jatos en cara, lengua, manos. Se ríe, llena de leche.

Besos. “No imaginaba lo caliente”. “Ni yo tu polla”. Limpia en baño. Dossier al jefe. Ascensor: me agarra huevos, beso final. Parking vacío. “Hasta mañana. Repetimos cuando quieras”. No dormí esa noche. Aquello rompió algo en mí. Inocencia hecha trizas, deseo despierto para siempre. Cada latido recordaba el roce, el calor, la entrega. Ya no era el mismo.

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