Estábamos en la terraza de la casa normanda. El sol de mayo caía pesado. El calvados ardía en mi garganta. Byron acababa de soltar la bomba. Gay. Nunca con una mujer. Mi corazón latía desbocado. Carine, tendida en el transat, se incorporó despacio. Sus pechos se marcaban bajo la blusa blanca. Un botón menos. Sus ojos brillaban. ¿Sorpresa? ¿Decepción? No. Excitación pura.

Me temblaban las manos. El aire se espesaba. Habíamos hablado de parejas abiertas. De juventud sin remordimientos. Byron nos miraba. Sonrisa confiada. ‘Camille era un hombre’, aclaró. Pero su voz tembló un poco. Curiosidad. Años sin tocar una mujer. Carine se levantó. Short blanco ceñido a sus caderas. Piernas infinitas. Se acercó a él. ‘¿Nunca?’, murmuró. Su voz ronca. Él negó. Tragó saliva.

La tensión en la terraza

Yo no podía moverme. Polla dura como piedra. Miedo. ¿Y si todo se rompía? Pero el deseo ganaba. Carine rozó su brazo. Piel contra piel. Byron se tensó. Respira hondo. ‘Quizá es hora’, dijo ella. Yo asentí. Silencio. No hay vuelta atrás. El corazón me martilleaba el pecho. Sudor frío. Excitación que quema.

Carine lo tomó de la mano. Hacia la casa. La habitación de invitados. Yo detrás. Piernas de gelatina. Puerta entreabierta. Luz tenue. Ella lo empujó al borde de la cama. Se arrodilló. Desabrochó su pantalón. Byron jadeaba. ‘Primera vez’, susurró. Ella sonrió. Maliciosa. Sacó su polla. Gruesa. Negra. Más grande que la mía. Venosa. Mi mujer la miró. Lameteó los labios.

Primer contacto. Labios sobre glande. Byron gruñó. Cuerpo rígido. Carine chupó despacio. Lengua girando. Él cerró los ojos. Manos en su pelo. Yo en la puerta. Mano en mi pantalón. Frotando. Corazón a mil. Ella succionaba. Saliva goteando. Polla hinchándose en su boca. ‘Joder’, masculló él. Primera mamada de mujer. Maladroite al principio. Dientes rozando. Él se arqueó. Gemido gutural.

El contacto que lo cambió todo

Carine se levantó. Se quitó la blusa. Tetas libres. Pezones duros. Short al suelo. Porte-jarretelles negro. Tanga húmedo. Byron la miró embobado. Manos temblorosas. Tocó sus pechos. Primeras tetas. Suaves. Pesadas. Pellizcó pezones. Ella gimió. Se montó a horcajadas. Frotó su coño contra su polla. Mojada. Listo. ‘Entra’, suplicó.

Bajó despacio. Cabeza de polla abriendo labios. Estrecha. Él jadeó. ‘Tan apretada’. Empujó. Mitad adentro. Carine ahogó un grito. Dolor-placer. Nervios. Sudor. Yo me pajeaba furioso. Primer polvo hetero para él. Ella cabalgaba. Lento. Malicioso. Polla desapareciendo en su coño. Chorros de cyprine. Choques húmedos. Byron agarró sus caderas. Instinto primal. Follando como animal.

Aceleró. Tetas botando. Gritos. ‘Más duro’. Él obedeció. Novato pero potente. Mi mujer se corrió primero. Temblores. Uñas en su pecho. Él siguió. Rugidos. Semen caliente. Llenándola. Primer creampie. Se derrumbó sobre él. Besos torpes. Risas nerviosas.

Después, silencio. Byron la abrazó. Ojos perdidos. ‘Increíble’. Carine me miró. Sonrisa culpable-exultante. Yo eyaculé en mi mano. Vacío. Lleno. Inocencia rota. Mundo nuevo. Ya no éramos los mismos. Aquella noche abrió puertas. Deseo compartido. Fronteras borradas. El corazón aún late fuerte al recordarlo. Nervios eternos. Placer visceral.

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