Café desierto esa mañana. Esperaba este momento con avidez. Ella también. Sus tetas tensas bajo la blusa. Culo de yegua. Sus ojos brillan de lujuria deliciosa. Mi verga tiesa en el pantalón. Yo de un lado del mostrador, ella del otro. Mastúrbate. Ojos desorbitados, obedece. Pasa el límite de la pudor que la aprisionaba. El botón del jean se abre. Su manita se cuela bajo la tela. El monte se acaricia con dedos en concha. Las caderas se alzan del taburete. Ondulan. Sus ojos me clavan, me enloquecen. Oigo el roce leve. Mi corazón late fuerte. Manos apartan los faldones de la blusa. El sostén apenas contiene las tetas pesadas. Las levanto, las poso en la barra. Pezones duros, los retuerzo suave. Como interruptores que encienden todo. Se apoya en un brazo, se inclina hacia mí. Lengüita rosa asoma. Mis labios la atrapan. Suspiros siguen. Sonrisa de placer, párpados cerrados. Exploramos lento, minucioso. Mis manos en cesta sostienen los melones sedosos que se endurecen. Su mano libre tira de mi nuca. Avidez pura. Taches de pecas juveniles en su cara. Ya no es una niña. Tengo que unirme a ella. Detrás, contemplo la postura. Caída de riñones impúdica. Culotte negra traslúcida bajo hoyuelos tentadores. Agarro las tetas caídas. Mi pubis toca la redondez de sus nalgas. Su vientre abraza el taburete, manos a los lados. Cuenca ofrecida, móvil. Pantalón a los tobillos, slip a medio muslo. Gemido breve de dicha. Los sentidos se liberan. Punto de no retorno.

Me agacho. Abro. Hundo nariz y boca. Momento único. Riñones se arquean, carne tiembla. Cabeza arriba, labios aspiran placer. No me muevo. Secretos abundan. Lengua lame la puntilla en la entrada. Insaciable. Fluido viscoso en mi boca. Papilas entran, gimo yo. Labios no dejan el refugio cálido. Bebo su gozo. Amplío caricias a toda la piel. Florcilla morena prohibida, la pincho con deleite. Lamo, aspiro suave. Siento el orgasmo nacer en sus entrañas. Sube, me llega al corazón. Encanto animal. Irradia, me inunda. Empapo su olor. Acaricio el terciopelo de su piel. Ella responde con curva de espalda, oscilación, contracciones. Baja del asiento, se gira, me tiende la mano. Bocas y lenguas se unen. Gemidos roncos, aliento entrecortado. Bajo del cuerpo desnudo, atrapado entre sus muslos alzados. Talones cruzados en mi espalda me pegan a su abdomen sudado. Sentada frente a mí. Brazos bajo los suyos, la sostengo. Sus manos guían: una abriga huevos, otra abre puertas. Penetración líquida, eléctrica. Éxtasis. Apenas movernos. Sexos palpitan juntos. Algo besa mi punta allá abajo, la hace saltar.

La Aproximación

Unión larga, apretada. Pecho y cuello asaltados por labios húmedos. Mojo dedos en mi café tibio. Unto un pezón, lo lamo lento. Chupo, aspiro. Amargor dulce compartido. Se aprieta abajo. Sube muslos, los abre más. Puedes venir ahí también… Ojal pálido invita. Sé que eyacularé dentro. Ella quiere. Salgo, hilo de jugo nos une. Empujo el anillo, dosificado. Saboreo cada milímetro de seda. Me hundo gozoso. Me devora con ojos, boca silbante. Dura segundos eternos. Al fondo máximo. Riñones propios se mueven solos, golpecitos. Susurra: ¡Me corro! ¡Me corro sin parar! Paroxismo de gemidos. Me hincho. Contracciones en comunión. Semilla se libera, fluye, fluye… Todo se nubla. Descarga fulgurante. Pieles fusionan en abrazo salvaje. Ausencia total. No quiero irme nunca. Esa mañana, en el café vacío, mi inocencia se quebró. Corazón acelerado aún. Maladroite excitante, nervios que ardían. Ahora soy otro. Horizonte abierto, adicción eterna. La huella quema, dulce recordatorio de la primera vez que crucé el umbral.

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