En la playa de Boulogne-sur-Mer, el sol se hundía en el mar. Sylvie y yo caminábamos en silencio. El corazón me latía fuerte. Después del cine, donde nos habíamos tocado a escondidas, ella había dicho: ‘Vamos a la playa, quiero ver la puesta de sol’. Solo un tipo con su perro rondaba. Ella sacó las llaves de la cabina de sus padres. La abrió con decisión. Dentro, extendió una manta, encendió una linterna de pilas. ‘Romántico, ¿no?’, dijo quitándose la ropa. Su cuerpo desnudo brillaba. Piel satinada. Dudé. Ella me besó con furia, me arrancó la camisa. ‘¿Estás seguro?’, pregunté. Mi voz temblaba. ‘¿Tienes miedo?’, replicó. ‘¿Y si te quedas embarazada?’ ‘Tomé precauciones’. ‘¿Y si nos pillan?’ ‘No hay nadie’. Oía pasos. El perro, quizás. Me tumbé. Corazón desbocado. Sudor frío. Ella me acarició. Piel contra piel. El deseo me quemaba. No había vuelta atrás. Sus manos suaves. Mi polla ya dura. Nervios y excitación se mezclaban. Todo olía a mar y a ella.

Me puso un pañuelo en los ojos. ‘Como en la película’, susurró. Oscuridad total. Sus dedos exploraban. Pezones erectos. Vientre plano. Bajó a mi verga. La apretó. La masajeó. Gemí. Sentí que se movía. ¿Salió? La cabina crujía. No importaba. El romanticismo exige eso. Su mano firme. Dulce. La tensión subía. Polla hinchada. Glande rojo. Pulsaba. Quería avisarle. Iba a correrme. Pero así no hay embarazo. Me dejé llevar. El placer explotaba. Primer contacto real. Sensaciones brutas. Calor en las bolas. Subía por la columna. Ella aceleraba. Jadeos míos. El mundo se reducía a eso. Temblores. Explosión inminente. Nervios a flor de piel. Maladroite, pero intensa. Corazón en la garganta.

La aproximación

Rugí como animal. El semen brotó caliente sobre mi vientre. Aplausos estallaron. Arrancé el pañuelo. Ocho chicas alrededor. Sylvie vestida, riendo. Yo desnudo, pegajoso. Sperma chorreando. Olor fuerte. Vergüenza ardiente. ‘Vosotros nos espiáis por agujeros, bajo escaleras’, dijo Sylvie. ‘Nos ponéis nota a nuestros culos, coños. Yo, un cinco. Hoy observamos: la dureza de la polla, el color del glande, los espasmos, la textura del semen. Pago por vuestras risas’. Habían escondido mi ropa. Rampé bajo las cabines. Arena pegada al semen. Insultaba. El perro me olió el culo. Su dueño: ‘¡Degenerado!’. Me lavé en el mar frío. Temblando de rabia. Vestí húmedo. En casa, carta del director por faltas. Al día siguiente, liceo infernal. Risas de chicas. Traición de tíos. En clase, profe de francés: ‘Hoy, romanticismo’. Risas. Miradas a mí. ‘¡Vidal, no sabía que te ponía así!’ Fin de inocencia. Lección cruel. Adulto a golpes.

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