Recuerdo esa noche como si fuera ayer. Habíamos cenado en el restaurante local, la comida exótica nos había dejado satisfechos. Caminábamos de vuelta a la villa, mi mano bajo su falda, rozando sus nalgas desnudas. Sin bragas. El aire cálido de medianoche nos envolvía, el camino de dos kilómetros se hacía eterno. Llegamos a la villa. Alexandra se gira, mete las manos bajo mi camiseta. ‘¿Quieres un baño de medianoche? Desnudos. Terriblemente excitante’. Su voz, ronca, insistente. Mi polla se endurece al instante. Nunca habíamos hecho algo así. En el mar, de noche, expuestos. El corazón me late fuerte. Miedo al qué dirán, al ser vistos. Pero deseo quema. No hay vuelta atrás.

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Nos desnudamos rápido. Risas nerviosas. Corremos al agua. El mar está calmado, negro bajo las estrellas. Nos metemos, gritamos de frío inicial, luego placer. Agua hasta la cintura. Ella describe cómo las olas masajean su coño. ‘Increíble ser mujer ahora’. Me excita tanto. ‘Muéstrame la plancha otra vez’, dice. Obedezco. Floto boca arriba, brazos en cruz, piernas abiertas. Vulnerable. Siento su aliento caliente bajando por mi cuerpo. Llega a mi entrepierna. No reacciono a tiempo. Sus labios finos engullen mi polla hinchada. Primera vez así. En el mar. Noche. Corazón desbocado. Su lengua gira en mi glande. Chupa, suelta, saliva brilla. Excitación crece, pero el agua impide erección firme. Me arrastra a aguas bajas. Sobre la arena, sigue mamando. Fuerte, eléctrica. No aguanto. Eyaculo potente. Oigo succión, deglución. Traga todo, caliente.

La Aproximación

Ella se tumba, piernas arriba, abierta. Lengua mía en su coño. Sabe a sal, no a su dulzor habitual. Gime bajo. Manos en mi cabeza, aprieta. Piernas se abren más. Lamidas furiosas en clítoris. Se tensa, grita, orgasmo la rompe. Muslos tiemblan. Nos quedamos en la arena, exhaustos. Agua lame nuestros cuerpos. Siento el cambio. Esa noche rompí algo. La rutina se fue. Sexo salvaje, expuesto al mundo. Inocencia urbana muerta. Adultos de verdad, libres. Caminamos de vuelta, arena pegada, sonrisas cómplices. El viaje acababa de empezar, pero yo ya era otro.

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