Estoy atado, desnudo, sobre una mesa. Lazos firmes en muñecas y tobillos. No recuerdo cómo llegué aquí. Mis últimos recuerdos: misión con la ONG ecológica, infiltrándonos en el sitio nuclear. Una simple tenaza, y accedimos al reactor principal. Desplegamos la pancarta, lo subimos a redes. Al replegarnos, detonaciones lejanas, gritos de mujeres, perros ladrando, granadas. Caos total. Veo caer a mis compañeros uno a uno. Miedo helado. Luego, nada. Hasta despertar en esta celda, en plena noche.

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Pasos al otro lado de la puerta. Clic de la llave. Entra una mujer, enciende luz tenue. Nuisette ligera, silueta desnuda tras el tejido. Veo el llavero, mi libertad, lo deja junto a la puerta. Me mira fijo. Mi cuerpo expuesto la excita, lo noto en sus ojos.

La Aproximación: Espera, miedo y deseo

—Finalmente, estás despierto… No hemos tenido ocasión de presentarnos, soy la canciller de estos lugares. Puedes llamarme Orana. Tú y tu grupito, ahora hacéis menos los valientes. Dime, ahora que estás a mi merced, ¿qué crees que te voy a hacer?

—Lo siento, pero no obtendrás nada de mí. ¡Y menos así!

—Bien, ya veremos. Tenemos todo el tiempo, ¿no?

Se acerca. Ojos en los míos. Desafío: no parpadeo. Baja al rostro, finge beso. Repulsión, giro la cabeza. Sonríe. Masajea mi cuero cabelludo, acaricia torso. Tiempo pasa. Juega con pezones. Cuerpo se relaja. Intenta besar dos veces más, resisto. Tercera: chupa lóbulo oreja. Volteo instinto, y atrapa mi boca. Avida. Retrocede, lame labios. Victoria. Cierro ojos, no juego.

Ebourrifa pelo, se yergue. Talones resuenan. Algo en boca. Rodea mesa, dedos por mi cuerpo, piernas. Ojos cerrados, sentidos alerta. Sube a mesa, frena piernas. A horcajadas. Calor a través seda. Perfume dulce. Sopla párpados. Sigo cerrado.

Frota sexo húmedo contra mío. Deseo sube. Abro ojos con su gemido. Pechos firmes balancean, pezones duros. Contornos rostro: narices, pestañas, pelo rubio ceniza. Sudor gotea garganta, hombros redondos. Tensión en mi polla crece con sus jadeos.

La engulle hasta la base. Ojos abiertos, mejillas rojas. Duda, espera. No reacciono. Reanuda vaivén. Voz ronca, emocionada:

El Instante: Contacto brutal y éxtasis

—Aquí estamos, tú, Patriarcus, mi prisionero, y yo, Orana, tu canciller, en unión de cuerpos, ojos en ojos. Por este lazo, accedemos a la trascendencia. La continuidad de especie, generación tras generación. Revelado: hombre y mujer se conocen, aman. Hombre fecunda mujer, ella porta hijo. Hijo vive en amor, elige trascendencia ecológica integral, equilibrios primordiales. Reemplaza patriarcado por ecofeminismo. Mujeres y aliados en justo lugar, hijo dirá: ‘Cumplí voluntad de trascendencia que me vio nacer’.

Palabras la acercan al éxtasis. Espasmos. Mi erección máxima. Siento todo. Eyaculo. Eternidad hors temps. Celda fuera realidad. Recuperamos aliento. Sonrisa cómplice. Tiendo cabeza, beso profundo. Me dejo.

—Tú escenario me ha dejado pasmado. ¡Y esa radiactividad tuya, parece que el cuerpo de Orana es material fisible, a manipular con cuidado!

—Gracias, Patriarcus no estuvo mal como víctima. ¿Cuál era tu palabra segura?

—¿Bromas? ¡No la olvides!

—Ah sí, Circlusión. ¡Excelente elección!

Esa noche, primera vez real. Corazón latiendo fuerte, nervios crudos, placer desconocido. Inocencia rota, horizontes abiertos. Maladroite excitante, tensión física pura. Ahora, nostalgia nerviosa.

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