En nuestra cama, un jueves por la noche. Dominique y yo nos abrazamos fuerte. Sus pechos contra mi pecho. Besos suaves. De repente, su voz tiembla: «¿Por qué no me pides que lo intentemos?». Me quedo mudo. «¿Enculearme? Lo haces con mamá y Gwendo». El corazón me late fuerte. Nervios. Excitación. No es mi fetiche. Puede doler. Pero ella insiste. Sus ojos brillan. Le doy el discurso: relájate, usa saliva, ve despacio. Como con Gwendo. Se va al baño. Vuelve desnuda. La tumbo. Piernas sobre mis hombros. Mi lengua en su coño. Lamida fiera. Labios, dientes. Ella gime. Ondula. Mi lengua roza su ano. Pequeño, rosado. Dedo húmedo. Entra suave. Su culo se abre. Late. Está lista. O eso creo. Se pone a cuatro patas. Culo en pompa. Huile d’amande douce. Froto mi polla. Dura como piedra. Punto al agujero. Empujo. Lento. El glande forcea. Aprieta. Resiste. Ella muerde las sábanas. Dolor. Lágrimas. «Para», digo. «No. Sigue». Empujo más. Santímetro a santímetro. Quema. Su ano me aprieta como un puño. Finalmente, entro entero. Anuncio: «Ya está dentro». Me retiro despacio. Ella llora. Abrazo su cuerpo tembloroso. «Me quemaba», dice. «Pero ahora mejor». Habla de próximas veces. De un dildo para acostumbrarse. La beso. Lágrimas saladas. Mi polla aún dura. Frustrada. Ella la ve. Sonríe maliciosa. La agarra. Labios en la hampe. Besos en las bolas. Engulle el glande. Profundo. Como en ‘Garganta Profunda’. No toda, pero mucho. Lengua gira. Chupa. Siento el clímax. Aprieta la base. Para. Reanuda. Feroz. Exploto en su boca. Jets blancos en labios, lengua. Trago todo. Fotos. Su ano inaugurado. Su boca experta. Limpio. La acuno. Dolor y placer. Fin de inocencia. Nuevo horizonte. Mi chérie, rota y renacida. Batía mi corazón. Sudor. Olor a sexo. Mañana, revelaré las fotos. Pero esa noche, solo nosotros. Su culo, mío por primera vez. Nervios rotos. Deseo intacto.