Apoyada contra un árbol en ese pequeño bosque. El corazón me late fuerte. Ruidos por todos lados. Hojas crujiendo. Pájaros. Mi desnudez me eriza la piel. Solo medias oscuras y tacones de doce centímetros. Vulnerable. Excitada. El juego de la caza. Cinco minutos de ventaja. Pero sé que está trucado. Sudor en la espalda. Pezones duros por el aire fresco. ¿Y si me encuentran? ¿Y si no? Nervios en el estómago. Deseo mezclado con miedo. De repente, pasos. Voz grave: ‘Sabes que eres magnífica, desnuda en medio del bosque’. Giro. Max. El del restaurante. Corazón desbocado. ‘¿Tú? ¿Cómo?’. Me abraza. Duro contra mí. Frente contra la mía. Beso. Labios suaves, urgentes. Me derrito. No resisto. Preguntas vuelan. No es casado. Me halaga. Manos en mi espalda. Bajando. Tocando mi rosebud. ‘Admirable’. Me levanta en brazos. Beso silenciador. Camino al coche. Veste suya sobre hombros. Salimos del bosque. Casa aislada. Grilla abre. Me quita la chaqueta. Nuda otra vez. Limpia mis tacones. Beso en pubis. Frío delicioso. Entramos. Ice tea. Nu. Cuerpo atlético. Erección imponente. En el sofá. Charla. Tag RFID en mi vestido. Me encontró así. Besos. Caresses. Me entrego. No hay vuelta atrás. Lo sé.