En esa buhardilla del Marais, al sexto piso de un edificio antiguo, el corazón me latía desbocado. Bastien cerraba la puerta. El vasistas dejaba entrar la luz tenue de la noche parisina. Olía a libros viejos y a vinagre barato del vino abierto. Yo, Paula, profesora de 40 años, casada, allí parada como una tonta. ¿Qué hacía? El scooter aún vibraba en mi cuerpo. Sus manos en el manillar, mi pecho pegado a su espalda. Ya no había vuelta atrás. Lo sabía en el bar, cuando toqué sus manos. Frías, temblorosas. Ahora, él me miraba, perdido. ‘¿Quieres quitarte la chaqueta?’, murmuró. Mi piel ardía bajo el cuero. La dejé caer. Pum. Al suelo. Él se acercó. Dudaba. Sus dedos rozaron mi cinturón. Clic. La hebilla. Zzzip. La cremallera bajó lenta. Mis piernas temblaban. El pantalón se deslizó. Quedé en culotte negra y blusa corta. Vientre expuesto. Él de rodillas. Mirada arriba, pidiendo permiso. Asentí. Bajó la tela. Mi sexo al aire. Toison oscura, húmeda ya. Labios hinchados. Vergüenza y excitación me ahogaban. Corazón en la garganta. Primer toque prohibido. Sus dedos exploraban. Suaves, torpes. Rozaban pliegues. Entraban un poco. Gemí bajito. Mordí labio. Blusa fuera. Sujetador. Pezones duros, marrones. Él los pellizcaba. Maladroite, excitante. Yo lo desnudé. Jeans abajo. Polla tiesa, pequeña. Perfecta. La rocé con mi vientre. Presión lenta. Él jadeó. Chorros calientes en mi piel. Vientre, pechos. Semilla pegajosa. Lo arrastré al catre. Cuerpos pegados. Sudor. Olor a sexo nuevo.

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Sus labios en mi cuello. Besos torpes. Manos everywhere. Aprieta nalgas. Dedos en mi culo. Nuevo. Prohibido. Me abrí. Piernas en jarras. Él encima. Polla busca entrada. Falla. Rie nervioso. Yo guío. Entra. Lento. Duele un poco. Lleno. Ritmo torpe. Golpes profundos. Clit frotado. Olas suben. Grito ahogado. Él acelera. Sudor gotea. Mis uñas en su espalda. Primer orgasmo ajeno. Siento su pulso. Él tiembla. Se corre dentro. Calor invade. Nosotros, pegados. Jadeos. Sensaciones brutas. Piel contra piel. Corazón latiendo al unísono. Descubrimiento visceral. Mi inocencia rota. Casada, pero ahora puta por una noche.

La aproximación: espera, miedo y deseo

Al alba, luz gris por el vasistas. Me visto. Él mira, sonriente, desnudo aún. Cuerpo marcado por mis mordidas. ‘Fue extraordinario’, digo. ‘No se repetirá’. Asiente. Triste. Le pregunto por drones. Niega. Beso final. Salgo. Taxi. Lágrimas. Fin de inocencia. Paso a adulta. Traidora. Pero viva. Latidos aún retumban. Aquella maladresse, excitante. Tensión acumulada. Explosión. Ahora, recuerdo. Nervios, deseo. Mi primera vez real. Marc nunca lo sabrá. Pero yo llevo la huella. Para siempre.

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