En la habitación tenuemente iluminada, frente a la webcam. Mi corazón latía desbocado. Sylvain hablaba con ellos, los ocho desconocidos. Sus voces resonaban en los altavoces. Yo esperaba a un lado, oculta. El bikini negro ceñía mi piel. Tres triángulos diminutos apenas cubrían mis pechos grandes, blancos. La parte de abajo, un hilo que rozaba mi sexo húmedo. Sudor en la nuca. Manos temblorosas. ¿Y si me arrepiento? Pero el deseo ardía más fuerte. La propuesta de Sylvain me excitaba cada noche. Vacaciones con un extraño. Ser su objeto. Mi inocencia se resquebrajaba ya. Respiré hondo. Él giró la cabeza. “Y creo que va a continuar…”. Era mi señal. No había marcha atrás. El estómago en nudo. Piernas flojas. Me acerqué. Pulso acelerado. Rostros expectantes en las pantallas. Sus ojos me devorarían. Me erguí. Entré en cuadro.
“¡Hola, señores!”. Mi voz salió ronca, vibrante. Sus “¡Hola, Nadine!” estallaron al unísono. Sentí sus miradas clavadas en mi escote. Los triángulos del bikini sostenían mis tetas como en bandeja. Consciente del poder, las hice temblar suavemente. Oscilaron pesadas, hipnóticas. Pezones endureciéndose bajo la tela fina. Un calor subió por mi vientre. Me senté en el lugar de Sylvain. Piernas cruzadas, rozando el muslo. Hablé de propuestas, de martes. Pero mi cuerpo gritaba. Sus ojos no parpadeaban. El barbu motard propuso dos ganadores. Sonreí, tentada. El deseo me mojó más. Al final, antes de irme, miré la cámara. Dedos en los triángulos. Los aparté despacio. Mis pechos al aire. Grandes, firmes, rosados. Los agité. Oscilaron libres, pesados. Gemidos mudos en las pantallas. Mi coño palpitó. Explotó la sensación nueva. Exposición total. Carne ofrecida a extraños. Nervios disueltos en placer puro. Pulso en las sienes. Piel erizada. Regresé a Sylvain. Pantalla apagada.
La aproximación: nervios y deseo ante la cámara
Después, el vacío dulce. Me miré en el espejo. Mejillas rojas. Pezones aún duros. Un charco de excitación entre muslos. Habíamos cruzado el umbral. Mi inocencia libertina se había roto. Ya no era la misma. Esa noche follamos como animales, contándole cada mirada. Nuevos horizontes. Ser vista, deseada por desconocidos. El semen imaginado de ellos en mí. Adulta de golpe. Adicta al vértigo. Aquel flash abrió puertas. Vacaciones reales vendrían. Sería la puta de un extraño. Llena de su leche. Contárselo a Sylvain. Aquella primera vez en vídeo fue el big bang. Nerviosa, cruda, inolvidable. Mi cuerpo recordaba aún el temblor.