Cabina del velero de Patrick. Isla de las Ovejas, archipiélago de Glénan. 20 de agosto de 2013. El corazón me latía como un tambor desbocado. Anoche casi morimos. Nuestro barco se hundió. Patrick nos salvó. Vilna ya estaba con él. La oí gemir toda la noche. Me desperté empapada, el cuerpo ardiendo. Miedo y ganas revueltas en el estómago.
Llamé a la puerta. Nadie respondió. Empujé. Los vi. Vilna sobre él, empalada, riendo. Mi prima, desnuda, con su coño chorreando. Patrick dentro de ella. Mi pulso se aceleró. Vergüenza. Curiosidad. Deseo prohibido. Vestida solo con su camiseta vieja, que apenas cubría mis muslos. Mis pezones duros contra la tela. Bajé la mirada. Unos pelos rojos asomaban. Me acerqué. El aire olía a sexo. A ellos.
La Aproximación: Temblores de Deseo
—Morning, captain —dije, fingiendo calma. Vilna rió. No me soltó. Patrick me miró, su polla aún dura en ella. Quería huir. Quería unirnos. El miedo a lo desconocido me paralizaba. Pero el calor entre mis piernas gritaba. Me senté al borde. Tiré del saco de dormir. Luz en sus sexos unidos. Fascinada. Mi coño virgen palpitaba. Nunca un hombre. Diecinueve años y pura. ¿Y si dolía? ¿Y si me gustaba?
Vilna aún encima. Yo, extendida, lamiendo su polla. Sabor salado, mezcla de semen y ella. Mis dedos en sus huevos. Vilna gritó cuando metí el dedo en su culo. Ella, virgen ahí. Yo, curiosa. Mi lengua en su verga. Dura, recta, glande rojo como una casa de pitufo. Me subí a su pecho. Mi culo ante su cara. Abricot fendido, húmedo. Perlas en mis pelos rojos. Él lamió. Lengua en mi raja. Clítoris hinchándose. Anus guiñando.
Temblores. Ganas de llorar de placer. Vilna se unió. Lamía sus bolas. Yo chupaba voraz. Olor a rousse, a feromonas. Me emborrachaba. Lengua en mi coño empapado. Del clítoris al ano. Gemía con la boca llena. La presión subía. Mi primera vez. Nervios en el vientre. Batía el corazón en la garganta. No hay vuelta atrás.
El Instante y la Huella: Del Descubrimiento al Éxtasis Eterno
Me giré. Arrodillada sobre él. Vilna guió su polla. Cabeza en mis labios hinchados. Bajé despacio. Ceñida. Dolor dulce. Mitad dentro. Paré. Respiré hondo. Caí de golpe. Empalada entera. Grito ahogado. Dolor y éxtasis. Vilna apretó la base. Frenó mi explosión. Subí y bajé. Lenta. Temblando. Como si fuera eterna. Geñía sin parar. Orgasmos solos antes, pero esto… Carne viva envolviéndome.
—Vilna, no aguanto —jadeé. Ella sonrió. Movía poco. Él embestía suave. Primera penetración. Inocencia rota. Contracciones me sacudieron. Vilna soltó. Dedo en su culo. Él eyaculó. Chorros calientes en mí. Yo, arqueada, gritando. Besos torpes, dientes chocando. Cuerpo sobre el suyo. Pechos aplastados.
Después, quietud. Vilna a mi lado. —Esta primera, ¿eh? —rió. —Sí —susurré—. Mi primer hombre. Me salvaste la vida y me hiciste mujer. Lágrimas. Alegría. Fin de la niña. Inicio de algo salvaje. Sombra en el techo. Gaviota picoteando. —¡Es hembra! —reí. Mi coño aún con su polla dentro. Feliz. Capitán, ¿contento?
Corazón calmado ahora. Recuerdo esa mañana. Nervios que estallaron en fuego. Inocencia ida. Horizontes abiertos. En ese velero, todo cambió.