Estábamos en ese rincón olvidado del tiempo, un lugar brumoso y cálido donde el aire vibraba de lujuria. Bazouk acababa de lanzarnos allí con su shlouuufff mágico. De repente, ellas aparecieron. Dos mujeres jóvenes, desnudas, con cuerpos suaves y curvas que brillaban bajo una luz extraña. Sus ojos hambrientos se clavaron en mí. ‘¡Gufti, nos prometisteis un orgasmo!’, gimieron. Mi corazón latía como un tambor. Sudaba. ¿Qué era esto? Nunca había sentido algo así. Nervios me atenazaban el estómago, pero el deseo ardía abajo, en mi polla que se endurecía sola. Bazouk susurró: ‘Déjalas, Gufti. Es demasiado bueno’. Ellas se frotaban contra mí, pechos grandes presionando mi pecho, manos ansiosas bajando a mi entrepierna. ‘¡Oh, Gufti, hacedme gozar!’ Mi inocencia se resquebrajaba. No había marcha atrás. El miedo se mezclaba con una excitación salvaje. Respiraba agitado, manos temblorosas tocando su piel por primera vez. Caliente, suave, húmeda. Mi pulso retumbaba en los oídos. Ellas gemían ya, frotándose en mi muslo. Yo, torpe, las empujé contra el suelo blando. El corazón me iba a estallar.
Sus cuerpos se abrieron para mí. La primera, rubia y jadeante, me miró con ojos suplicantes. ‘¡Sí, Gufti, folladme!’ Mi polla, tiesa como nunca, rozó su coño empapado. El primer contacto fue un rayo. Calor viscoso envolviéndome la punta. Entré despacio, temblando. ¡Dios, qué apretada! Sensaciones nuevas explotaban: su interior palpitante succionándome, paredes calientes apretando cada centímetro. Empujé más, torpe al principio, saliendo y entrando con nervios. Ella gritó: ‘¡Aaaahhh! ¡Síii!’ Mi cadera chocaba contra la suya, sudor goteando. La otra se unió, chupando mis tetillas, lamiendo mi cuello. Cambié, la penetré a ella. Más salvaje, más húmeda. Gemí fuerte, el placer subiendo como lava. Sus tetas rebotaban con cada embestida. Olía a sexo crudo, a jugos mezclados. Aceleré, instintivo, follando como un animal. ‘¡Hmmmm! ¡Aaaah!’ Orgasmos las sacudían, cuerpos convulsionando. Mi primera vez, y ya las hacía gritar. El clímax me golpeó: bolas tensas, chorro caliente llenándola. Explosión total, piernas flojas.
La Aproximación
Después, el vacío dulce. Ellas se disolvieron en luces danzantes, susurrando promesas de más. Bazouk nos sacó de allí con otro shlouuufff. Me quedé temblando, semen secándose en mi piel. Ya no era el mismo. La inocencia rota, un hombre nuevo. Cada latido recordaba esa fricción primera, ese éxtasis prohibido. El mundo había cambiado. Yo había cruzado el umbral. Nervios convertidos en adicción. Ahora, anhelo esa tensión eterna.