Los almacenes de Belleville olían a polvo y metal oxidado. Era mediodía. El sol filtraba rayos sucios por ventanas rotas. Laura y yo solos. La expertise inmobiliaria se retrasaba. El experto llegaba tarde. Ella caminaba entre pilas de cajas antiguas, tacones resonando en el cemento agrietado. Su falda ajustada subía un poco con cada paso. Piernas morenas, musculosas. Mi corazón latía fuerte. Demasiado fuerte.

Yo la seguía. Veintiocho años. Nervios de novato. Ella, cuarenta y dos, reina del cabinet. Siempre la había mirado de reojo. Sus tetas firmes bajo la seda. Ese culo redondo en el gimnasio de mi mente. Pero hoy, aquí, el aire cargado. Sudor en mi nuca. ¿Por qué me pidió venir? ‘Jean-Pierre, acompáñame’, dijo con esa voz ronca. Sonrisa torcida. No era profesional. Olía a trampa.

La aproximación: espera y fuego interior

Se paró. Se giró. Ojos negros fijos en mí. ‘¿Nervioso?’, preguntó. Voz baja, como un ronroneo. Tragué saliva. Corazón desbocado. Manos húmedas. ‘Un poco’, murmuré. Ella se acercó. Perfume intenso. Cuerpo alto, dominante. Su mano rozó mi brazo. Electricidad. Miedo y ganas revueltas. Sabía que no había marcha atrás. Su aliento en mi oreja: ‘Relájate. O te follo aquí mismo’. Palabras crudas. Mi polla se endureció al instante. Temblaba. Ella lo notó. Sonrió como loba.

Pared fría contra mi espalda. Me empujó. Boca sobre la mía. Beso salvaje. Lengua invasora. Dientes mordiendo labio. Manos torpes en su blusa. Botones saltando. Tetas grandes, pezones duros. Las apreté. Gemido suyo. Nervios me traicionaban. Dedos temblorosos bajando cremallera. Su coño depilado, húmedo. Hilo de tanga. La arranqué. Dedos dentro. Calor viscoso. Ella jadeaba. ‘Más fuerte, cabrón’.

El instante: explosión de carne y sudor

Se arrodilló. Pantalón abajo. Mi polla tiesa, palpitante. Primera vez que una mujer como ella… Boca caliente. Lengua lamiendo glande. Chupaba hondo. Garganta apretando. Saliva goteando. Gemí alto. Piernas flojas. Me levantó. Falda subida. Piernas abiertas contra caja. Polla en su entrada. Empujé. Ceñida, ardiente. Follando duro. Sus uñas en mi espalda. ‘¡Más! ¡Fóllame como hombre!’ Ritmo frenético. Sudor mezclándose. Olor a sexo crudo. Ella gritaba palabras sucias. ‘Córrete dentro, lléname’. Explosión. Semen caliente llenándola. Temblores. Caímos jadeando.

Después, silencio. Polvo asentándose. Ella se ajustó falda. Sonrisa satisfecha. ‘Buen chico’. Yo, destrozado. Inocencia rota. Corazón aún latiendo fuerte. Nuevo mundo abierto. Adicción nacida. Caminamos fuera como nada. Pero dentro, marcado. Laura me había cazado. Devorado. Y yo, ansiando más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *