Estábamos sentados alrededor de la fogata, el grupo a solo dos pasos. El crepitar del fuego iluminaba todo con destellos anaranjados. Mi corazón latía como un tambor desbocado. Ella, Léna, me miró con ojos que prometían lo prohibido. Sentí el calor en la piel, no solo del fuego. Mis manos temblaban al desabotonar su camisa. Nervios me atenazaban el estómago, ¿y si nos veían? Pero el deseo era más fuerte. No había marcha atrás.
Sus labios rozaron mi torso al quitarse la camisa. Descubrí que no llevaba sujetador. Sus pechos se revelaron, firmes, iluminados por las chispas. El grupo charlaba, ajeno o no, pero su presencia me excitaba más. Bajé sus pantalones, nada de tanga. Estaba completamente desnuda. Mi polla se endureció al instante, latiendo con furia. Ella jadeaba, su aliento caliente contra mi cuello. El miedo se mezclaba con la urgencia. Tocarla por primera vez, piel contra piel, era eléctrico. Mis dedos rozaron sus pezones, duros como piedras. Ella gimió bajito, y el sonido me atravesó.
La Tensión de la Espera
La tiré sobre la manta, el fuego lamiendo nuestras sombras. Nuestros cuerpos se enredaron, sudorosos. La penetré despacio al principio, mi verga gruesa abriéndose paso en su coño húmedo y apretado. ‘¡Dios!’, rugí como un animal. Ella gritó, arqueándose. El grupo estaba ahí, testigos involuntarios. Pero no importaba. Mis embestidas se volvieron salvajes, más fuertes. Sus uñas en mi espalda, mis caderas chocando contra las suyas. Sentí su orgasmo primero, contrayéndose alrededor de mí, chillando sin control. El calor nos envolvía, el fuego reflejado en su piel. Yo no paré, seguí limando hasta que exploté dentro, un rugido gutural escapó de mi garganta. Nos deslizamos al lado, enredados como nudos.
Quedamos quietos, él aún dentro de mí. No, yo aún en ella. El mundo volvió despacio. El grupo seguía riendo, pero yo había cambiado. La inocencia se fue en esa fogata. Mi cuerpo exhausto, pegajoso de sudor y semen. Ella sonrió, satisfecha. Yo, temblando aún, supe que era adulto. Esa noche abrió horizontes: el placer crudo, el riesgo, la adicción. Nunca olvidaré los latidos, el miedo delicioso, la primera vez que follé de verdad. Fin de la niñez, inicio de algo salvaje.