Como dos o tres veces al mes, la veo por la ventana de la bahía. Silueta de Élodie tras la verja. No amiga del todo, más que conocida. Entró en mi vida por casualidad, hace dos años. Cola en la tienda, charla fugaz, números cambiados. Semana después, primera visita. Siempre viene ella. A media jornada las dos. Empuja el portón sin llamar. Cruza el jardín. Entra como en su casa.

—Brrr, qué septiembre más invernal.

La Aproximación: Temblor y Deseo Irrefrenable

—Abrígate más, dicen que funciona.

—Sí, pero si surge algo…

Viste decente. Chaqueta ligera, camisa roja de lino, botones cerrados. Falda negra hasta las rodillas, zapatos planos con broches. De perfil, colgando la chaqueta: dos botones abiertos. Se ve el contorno de su pecho izquierdo. Se estira, pierna abierta por la raja de la falda. Hasta medio muslo. Nuestras similitudes me golpean: delgadas, pelo largo castaño, pechos justos y un poco más, culo pequeño pero firme, piernas de bailarina.

—Tú estás lista en segundos. Bata a mediodía…

—Llego sudada del bus. Decepción, ¿no?

—Pulposa bajo la ducha o falda subida. Elige.

Sonrío. Preparamos té. Ritual: comentarios ropa, su entrada sin avisar. Al principio irritaba. Ella: “Si te pillo en faena, miro hasta el final”. Risas. Nunca cerré con llave. Pensaba: si entra ahora…

En el salón. Yo hundida en el sofá, piernas abiertas, bata floja. Ella en la mesita baja, piernas firmes, falda recogida entre rajas. Muslos al aire, bronceados, suaves. Mi vista al sur expuesta si se inclina. Hablamos cotilleos. Vapor del té. Su escote bajo. ¿Pechos en pera? Ojos en sus muslos. Calor sube. Pezones duros bajo bata.

El Instante: Explosión de Sensaciones Nuevas

—¿Te rinso el ojo?

Sonrisa pícara. Hablamos sexo. Maridos atentos, pero torpes. Yo solté: “Mujer mejor en caricias y lengua”. Ella insiste. Rojo hasta orejas. Sus ojos inquisidores. Mano sube muslo, roce de tela. Frío en la espalda. Mano baja, otra sube interior muslo. Irradia confianza.

—¿Gato te comió la lengua? ¿O imaginas al revés, en femenino?

Corazón late fuerte. ¿Bromear? ¿Parar? No quiero. Su mano en mi rodilla. Se inclina. Lengua en labio. Mirada baja por mi cuerpo. Bajo bata. Piernas se abren solas. No hay vuelta atrás. Miedo y deseo chocan. Sé que caeré.

Manos suaves. Bata resbala hombros. Piel erizada. Caricias cuello, hombros, pecho. Lentas. Circulares en areolas. Tétanos rozados. Suspiro. Presión en pezón izquierdo. Onda al sexo. Otro pezón. Ritmo acelera. Ruedan entre dedos. Más fuerte. Orgasmo pequeño. Me enderezo. Ella endereza busto. Codos en muslos. Orgasmo fugaz. Realidad golpea: ¿dos mujeres? Pánico. Pero piernas se abren más. Su aliento caliente en labios mayores. Lengua roza clítoris. Sube baja. Presión crece. Arqueo pubis. Labios en clítoris. Succión fuerte. Dedos aprietan tétanos. Explosión. Rideaux atravesados.

Respira agitada. Abre ojos. Ella de rodillas, sonrisa.

—¿Placer?

—Prueba tú.

Se levanta. Desabrocha camisa. Pecho asoma. Inocencia rota. Mundo nuevo. Corazón aún galopa. Maladroite excitante. Ahora adulta. Deseo eterno despertado. Frustración mía, su turno. Horizontes abiertos. Nunca igual.

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