Aún temblaba. En la cama, junto a su cuerpo desnudo perfecto. El corazón me latía fuerte. Una bola en el estómago. Quería follarla bien, agradecerle sus consejos. Pero miedo. Miedo a decepcionarla. Me sentía niño otra vez.
Carole notó mi lío. ‘No te preocupes, te guío. Olvídate de tu polla por ahora. Oye, no te lo dije, ¡pero es de buen tamaño! Por encima de la media. ¡Hasta asusta a una virgen!’ Sus palabras me hincharon el pecho. Recordé a otra que lo dijo. Orgullo macho.
La aproximación: miedo y deseo entrelazados
‘Es gorda, pero ignórala. Imagina que eres chica, sin polla, ¿cómo me satisfarías?’ ‘Eeeh… te acariciaría.’ ‘Sí, ¿con qué?’ ‘¡Con las manos!’ ‘Y más. Todo tu cuerpo: mejillas, labios, torso, brazos, pies… ¡y la polla!’ ‘¡Pero dijiste que la olvidara!’ ‘Al principio sí, pero es suave. Me encanta un glande en la piel. Primero crea ganas. Si me excitas, querré tu verga dura: tocarla, mamarla, metérmela hasta reventar. ¡Desata una tormenta! No corras en tres segundos o me pongo mala.’
‘¡Uau, me asustas!’ ‘¡Relájate! ¡Acáriciame!’ No más calmado. Pero la imaginaba chupándomela, lengua experta, masajeando huevos. Polla tiesa de nuevo.
La devoré con ojos. Dedos, brazos, pechos, vientre plano, evité el triángulo entre muslos cerrados, piernas hasta pies, subí por interior hasta pubis peludo. Quería que se abriera.
‘Así, siento tu deseo. ¡Sigue!’ Confianza. Mano en su mano. Subí palma suave. Rodeé tetas. Escalé lento. Tétons duros como mi verga. Los pellizqué fuerte. Gritó. ‘¡Salvaje! Duele, ¡pero rico! ¡Sigue, pícaro!’
Bajé al vientre. Círculos en ombligo. Firme, sin grasa. Toqué vello. Frío en espalda. Círculos grandes, monte de Venus. ‘Hmmm’. Dedos en grieta, muslos apretados. Soniditos. Tetones más largos.
Pies largos. Muslos cerrados. No bastaba. Volví con yemas. Piel erizada. ‘¿Frío?’ ‘No, me haces temblar. ¡Sigue!’ Se arqueó en tetas. Bassin en vello. Muslos abriéndose un segundo.
Idea. ‘Le gusta verga en piel.’ Sobre ella, sin tocar cuerpo. Bajé pelvis. Glans en muslos. Calor. En grieta. Quema. Lento. Subí a vientre, rastro húmedo. Imaginé su coño chorreando. Polla más gorda. Presioné ombligo.
Abrió ojos locos. ‘¡Dame tu verga! ¡Quiero mamarla!’ Agarró, a boca. Masaje huevos perfecto. Labios vaivén. Saliva, lengua en glans. ‘Adoro verga vibrando.’ Placer nuevo. Mejor que nunca. Venía corrida.
‘¡Voy a correr!’ Sacó, pellizcó base. ‘¡No! Primero métemela.’ Paró todo. Asombro. ‘¡Quiero sentirte! ¡Mi coño chorrea! ¡Por detrás!’
Temblaba excitado y asustado. Ella salvaje. Se puso prona. Culo perfecto. Redondo, firme. Manos en nalgas. Suave.
El instante: explosión de sensaciones y entrega total
‘¡Métela en raja!’ Entre cachetes. Manos apartan. Bajé. Apretó. ‘¡Branla entre nalgas!’ Bueno, pero seco duele. ‘¿Quieres deslizar? ¡Niágara abajo! Pásala al coño.’ Muslos abiertos. Mouille caliente. Inundado. Apartó labios, pegó verga en raja.
Bruma. Labios suaves, humedad. ‘¡Bránlame en raja! No entres aún!’ Vaivén. Toqué agujero. Deslizó en clítoris.
‘¡Ahora! ¡Métemela!’ Guió a coño abierto. Hundí. Ardiente, aceitoso. Primera vez por detrás. Más apretado. Fricción divina. Huevos alertan.
‘¡Para! Retén, pasa.’ Inmóvil. Se toca clito. Gime. Vexado. ‘Si molesto, me voy.’ ‘¡Cállate, sigue! ¡Demasiado bueno!’
Gime más. Yo bombeo. Para brusca. ‘¡Tú abajo!’ Obedezco. ‘¡Verga con mouille, qué rica!’ Chupa. ‘¡No aguanto!’
Montó. Entró sola. Al fondo. Gime largo. Arrastra adelante-atrás. Frote brutal. Mouille en huevos. Acelera. Cierra ojos, cara dolor. Grita ‘¡Aaaah!’
Vagina aprieta, chorro. La mía explota. Grito.
Quedamos. Se acuesta. ‘¿Bien?’
‘Increíble…’
‘Orgullosa. Para premio, te cuento mi descubrimiento. Con una chica…’