La lluvia caía con fuerza sobre el lago. El mismo lugar donde todo empezó de niños. Estaba allí, frente a Lucas, con el corazón latiéndome en la garganta. Le había confesado todo. ‘Te amo desde siempre’, le dije, la voz rota. Él me miró, perdido. Sus ojos, esos ojos que siempre me habían ignorado, ahora me devoraban. El agua empapaba mi ropa, pegándola a la piel. Temblaba. No de frío. De terror y excitación. Sabía que no había marcha atrás. Sus manos me atrajeron. Nuestros labios chocaron. Torpes al principio. Salado de lágrimas y lluvia. Mi lengua exploró la suya, insegura, hambrienta. Caímos sobre la hierba húmeda. El suelo blando nos recibió. Manos febriles. Desabroché su camisa. Él tiró de mi camiseta. Piel contra piel. Fría, mojada, ardiente. Mi pecho desnudo contra su torso. Pezones duros rozando. Un jadeo escapó de mí. Bajó la boca a mi cuello. Mordiscos suaves. Bajó más. Lamidas en mis pechos. Chupó un pezón. Electricidad pura. Mi coño palpitaba, ya húmedo más allá de la lluvia. Sus dedos bajaron. Rozaron mi vientre. Dudó. Yo abrí las piernas. ‘Hazlo’, supliqué. Tocó mi clítoris. Suave. Luego firme. Gemí. Alto. El mundo se redujo a eso. A su mano entre mis muslos. Dedos resbalando en mi humedad. Entró uno. Lento. Me arqueé. Dolor mezclado con placer nuevo. Otro dedo. Bombeó. Mi respiración entrecortada. Lo quería dentro. Todo él.
Me posicioné. Su polla dura, tiesa, contra mi entrada. La sentí. Caliente, palpitante. La cabeza rozando mis labios mayores. Nervios a flor de piel. ‘¿Segura?’, murmuró. Asentí. ‘Para ti, siempre’. Empujó. Lento. La punta entró. Ardía. Estiré. Duele. Gemí fuerte. Se paró. Besó mi frente. Esperó. Mi cuerpo se adaptó. ‘Sigue’. Avanzó. Centímetro a centímetro. Llenándome. Virgen rota. Sangre tibia mezclada con lluvia. Placer creciente. Enterrado hasta el fondo. Nos quedamos quietos. Latidos sincronizados. Luego, movimiento. Salida lenta. Entrada profunda. Ritmo. Mis caderas subieron a su encuentro. Clavé uñas en su espalda. ‘Más’. Aceleró. Golpes firmes. Mi coño lo apretaba. Sensaciones brutas. Fricción deliciosa. Chispas en el vientre. Besos salvajes. Lenguas enredadas. Sudor, lluvia, sexo. Sentí la ola. Contracciones. ‘Me vengo’, grité. Explosión. Éxtasis puro. Él gruñó. Se hinchó. Calor dentro. Semen caliente inundándome. Pulsos. Vació todo. Colapsamos. Juntos.
La aproximación: miedo y deseo entrelazados
Quedamos tirados en la hierba. Lluvia lavando nuestros cuerpos. Su semen goteaba de mí. Pegajoso, real. Frío ahora. Me recorrió un escalofrío. Pero sonreí. Lo miré. Serenidad nueva. Inocencia ida. Adulta por fin. Él se retiró. Silencio pesado. ‘No sé qué siento’, dijo. Yo sí. Amor eterno. Paciencia infinita. Me vestí. Ropa húmeda, hierba pegada. Él igual. Caminamos. Entonces, ella. Camille. Bajo el sauce. Viéndonos. Cara deshecha. Se derrumbó. Lágrimas. Todo roto. Pero yo no me arrepentía. Esa primera vez era mía. Grabada en la piel, en el alma. El lago nos vio nacer. Y morir.